Opinión

miércoles, octubre 13, 2021

El Pacto Histórico, un acuerdo de alianzas

El momento histórico que vivimos es trascendental para el futuro de Colombia, donde el puritanismo electoral mina la unidad que se requiere en la lucha contra el régimen autoritario uribista, y plantea una división perjudicial para la coalición de fuerzas alternativas.
El Pacto Histórico, un acuerdo de alianzas

El escrito de nuestro editor Henry Rengifo, “El Pacto Histórico del Tolima y las grietas en conformación de lista a la cámara”, plantea en el fondo, un tema antiguo que se ha debatido en diversas partes del mundo sobre la lucha electoral y que tiene que ver con el carácter de los aliados. 

Este eterno enfrentamiento entre los dirigentes, partidos y movimientos revolucionarios, de izquierda o alternativos, como se llaman ahora, por cualquier motivo o  circunstancia, ha privado, en la mayoría de las ocasiones que las fuerzas democráticas y de avanzada logren los objetivos que se proponen. La división o las divisiones siempre los derrotan al fragor de la lucha. Ya el maestro Pepe Mujica ha definido este mal: “La izquierda se divide por motivos ideológicos y la derecha se une por motivos económicos”.  

El caso que nos ocupa es diferente a la norma, pero si toca con el dogmatismo, el sectarismo y el puritanismo. Dentro del pluralismo que caracteriza a este portal (El Cronista.co), quienes lo orientamos tenemos la libertad para escribir lo que pensamos frente a los diferentes hechos y temas guardando elementales normas de respeto, veracidad, y hasta donde sea posible, la objetividad. 

Efectuadas estas precisiones, entramos en materia y nos corresponde fijar nuestra posición frente a la nota escrita por nuestro editor, personal y fraternal amigo Henry Rengifo, en lo pertinente a nuestra observación. 

“La candidata de GAJ (Guillermo Alfonso Jaramillo).- Y es ahí donde hoy se estaría generando en el Tolima cierto malestar en algunos sectores que simpatizan con el Pacto Histórico. Algo parecido a lo que se alcanzó a ventilar la semana anterior, cuando hubo voces que expresaron su rechazo a que el exalcalde de Medellín, Luis Pérez aterrizara en el Pacto Histórico.

Algo similar se podría estar presentando en el Tolima, cuando el exalcalde de Ibagué Guillermo Alfonso Jaramillo insiste que en la lista del Pacto Histórico de Cámara debe estar la sobrina del excongresista condenado e inhabilitado, Emilio Martínez Rosales e hija de la actual diputada, Rosmery Martínez. Para algunos, de darse esta situación, sería de entrada un suicidio político del Pacto Histórico en el Tolima”. 

En primer lugar, somos, aparentemente, un país laico donde no existen delitos por herencia como el caso bíblico. La hija de la diputada Rosmery Martínez y sobrina de Emilio Martínez Rosales, no tiene porqué heredar las condenas judiciales de ninguno de sus familiares. Está perfectamente habilitada para desempañar cualquier cargo, incluyendo el de elección popular, ninguna ley ni norma se lo prohíbe. Ella, que se sepa, no ha cometido ningún delito.  

En segundo lugar, y esto es lo de fondo, en política, en determinadas circunstancias “hay que hacer alianzas hasta con el diablo”, decía Lenin al referirse al trabajo electoral que tenían que hacer los bolcheviques en la Duma, entre las revoluciones de 1905 y 1917.

¿Qué es el Pacto Histórico?

El Pacto Histórico no es un partido ni movimiento, es una alianza de distintas fuerzas políticas, cada una de ellas con autonomía e independencia política y orgánica. En este caso, Jaramillo como se sabe es de Colombia Humana, uno de los cinco partidos integrantes del Pacto Histórico hasta el momento, pueden ser más, y como tal, tiene el derecho de presentar o apoyar candidatos, al igual que lo pueden hacer todos los que integran esta coalición. Sin ningún problema. 
Lo único que los une a todos los que conforman el Pacto Histórico y que deben defender de común acuerdo son los seis puntos de su programa o acuerdo fundamental que se comprometieron cumplier:

1.-  La defensa de la vida y el Acuerdo de Paz.
2.-   La reactivación económica, la defensa del empleo y el trabajo digno.
3.- La des mercantilización de los derechos sociales y la defensa de lo público.
4.- La preservación de los recursos naturales y el medio ambiente.
5.- La apertura democrática y el fortalecimiento de la participación popular.
6.- La defensa de la soberanía nacional y el impulso de la integración Latinoamericana y Caribeña como zona de paz.

Por último, y quizá el que levanta más ampollas por lo sensible, es la conducta social y política no clara de algunas personas que puedan integrar algún partido o movimiento que integre el Pacto Histórico, pero como se dijo, cada movimiento o partido es autónomo e impediente y puede tener en su filas a ciertas personas que no gusten o sean del agrado de otras u otros. 

Y que se sepa, ningún partido o movimiento político es integrado por santos, ángeles o arcángeles; desde la antigua Roma y Gracia, hasta nuestros días, quienes han hecho la historia son hombres y mujeres con errores y virtudes, equivocaciones y aciertos, bajezas y glorificaciones. Y el Pacto Histórico no es un almacén de reliquias sagradas. 

Además el Pacto Histórico es un instrumento táctico,  transicional, si se quiere provisional, que será útil para un periodo determinado de la actual circunstancia histórica que vive Colombia, para derrotar a un régimen fascista y corrupto, que necesita el apoyo y la solidaridad de todas las ciudadanías sin distingos ni peros. No es el momento de exigir certificados de pureza ni milagros a la Divina Providencia.



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