Cultura

jueves, mayo 21, 2020

La mala hora de La Coral Ciudad Musical

Sin duda el enemigo oculto que ataca a la humanidad, también atenta contra la mayor expresión del espíritu: la música; en esta oportunidad, la víctima es un patrimonio público cultural de Ibagué y el Tolima. Por: Humberto Leyton
La mala hora de La Coral Ciudad Musical

Las fotos que recibimos en las primeras horas de la mañana del martes 19 de mayo, penetraron como puñales traidores que desgarraron nuestras raíces musicales y sacudieron recuerdos de épocas bohemias que nunca olvidaremos, porque forman parte de nuestros años mozos y divertidos.

Eran de los músicos de la Coral Ciudad Musical, que no empuñaban ni acariciaban sus tiples, guitarras, requintos y voces sacándoles melodías andinas o notas del pentagrama universal; parecían coteros, algunos de ellos sin camisa, cargando mercados que manos bondadosas, como la del conocido extorero y empresario, José Porras, les habían llevado.

Y quién iba a pensar que cantores y artistas que influyeron en la diversión, sentimientos y espiritualidad de miles de ibaguereños, hoy formarán parte de la vorágine que vive el mundo con la pandemia del Covid-19, máxime si se trata de una entidad que para muchos es una leyenda que fue declarada patrimonio artístico y cultural del Tolima, a través de la Ordenanza 007 del 15 de junio de 2015.

A los 55 años de existencia esta agrupación musical, donde muchos buscamos la cura para los dolores del alma y del cuerpo, escuchando melodías que nos traían recursos imborrables o  trasladaban imaginariamente al ser amado, al poema soñado o al paisaje ignoto, hoy atraviesa una de sus peores crisis.

Parece que la pandemia exacerbó todos sus males y dejó al descubierto una verdad conocida por todos  desde hace tiempo: el olvido de los artistas, especialmente de los músicos.

La larga historia de esta agrupación musical se desvanece en medio de la crisis del coronavirus, acabando con la impronta vernácula de una ciudad que se precia de ser la Capital Musical de Colombia, pero donde pocos hacen algo para salvar ese prestigio de llevar la música como estandarte de batalla, y sus integrantes tienen que elevar plegarias al cielo e implorar la caridad pública para que alguien se apiade y les lleve unos mercaditos.

El Estado es indolente y el arte como tal no es un negocio, es una riqueza espiritual que cultivan los pueblos y esa no genera ganancia.

 Los músicos forman parte de esta estructura que no tiene patronos ni empresas y, por ende, no reciben salarios fijos, prestaciones sociales y, algunos de ellos, ni Sisben ni servicio de salud.

El Estado, llámese nación, departamento o municipio, los tiene olvidados, en el abandono.

Así ha sido siempre La Coral Ciudad Musical, desde su fundación por 52 músicos encabezados por los maestros Gonzalo Pimiento y Jorge González

El 90% mayores de 70

Hoy cuenta con 34 músicos; en sus buenos tiempos fue la casa hasta de 90 de todo de país, pero lo más preocupante es que el capital humano, como en el bolero de Rafael Hernández interpretado por Los Panchos (No me quieras tanto) "Yo siento en el alma tener que decirte/ Que mi amor se extingue como una pavesa/ Y poquito a poco se queda sin luz...", de esos 34, el 90 por ciento, son mayores de 70 años, según la afirmación de Campo Elías Macías, uno de los dirigentes de la agrupación.

Solo cuatro músicos están entre los 45 y 54 años: Nixon Peña, Arley Rincón; Campo Elías Macías y Wilson Briñez.

Este ingrediente de las edades en las actuales circunstancias de la pandemia, hace más dramática la situación de La Coral, cuando el gobierno en forma peyorativa no solo trata de absueltos y ancianos a los que pasen de 60, sino que los manda al cuarto de San Alejo y les impide hasta caminar por parques y sitios abiertos.

Hasta la sede se la querían robar

Entretanto, Orlando Restrepo, otro de los dirigentes de la Coral, al agradecer la ayuda y solidaridad que han recibido de algunas entidades y personalidades regionales, señala que se está tratando de revertir la historia, pese a que la música andina y original de la tierra, tiene una fuerte competencia en los ritmos modernos como el Rock, el Reguetón y otros tantos, que tienden a acabar con unos aires tradicionales que día tras días desaparecen del pentagrama musical.

No obstante ello, asegura Restrepo, "una vez recuperada nuestra sede de la calle 20 con carrera 6a., que se querían robar unos avivatos, incluyendo a algún funcionario de la Alcaldía, tratáremos de renovarnos en algunas cosas y de seguir adelante".

Mientras esto acontece, para continuar enfrentando la situación del Covid-19, las ayudas continúan bajo la campaña "Un canto por la vida y la cultura", que organiza La Coral Ciudad Musical y que en este video recibe más información:

La coral Ciudad Musical: una historia que no termina 

Un apretado resumen de lo que ha sido la Coral Cuidad Musical, necesariamente nos lleva a personajes y gestores de esta agrupación que de una u otra manera desde mediados del siglo pasado, tuvieron la idea de encarnar y llevar a la práctica un proyecto que le ha dado lustre a nuestra idiosincrasia de región, nuestro folclor y la cultura popular. Esta es la historia.  

Al final de la década de los sesenta, y comienzos de la del 70, desaparecido el célebre Bar Serenata del Trío Los Sureños  Néstor, Miro y Jorge, en el Parque López de Galarza, epicentro de la actividad musical nocturna,  el maestro y director  Jorge González,  se dio a la tarea de organizar un grupo grande de músicos y cantantes de serenatas de boleros, bambucos, valses y hasta algunas rancheras de moda, al estilo de Javier Solís.

La agrupación contó con el impulso ante los gobiernos departamental y municipal, la Asamblea y el Concejo de Ibagué  y del entonces joven representante a la Cámara, Alberto Santofimio Botero, y de amigos suyos, como Guillermo Giraldo Rengifo, concejal y Personero Municipal, de Alfonso Parra y su esposa Doña Myriam de Parra, Helena Acosta de Ospina, Luisa de Bernal, Mélida  de Garrido, del  secretario de la Asamblea Departamental y luego diputado y congresista, Alfonso Uribe, del Maestro Pedro J. Ramos, Rodrigo Silva, Luis Eduardo Vargas Rocha, Flavio Rodríguez, Germán Huertas, Carlos Martínez Silva, Miguel Merino, Jaime Barrios, el periodista Jorge Eliécer Barbosa Ospina, Germán Barberi,  Enrique González, Mario Arbeláez Martínez , secretario de Cultura, Carlos O. Pardo, Hugo Ruiz y de muchos otros  personajes de la política, la cultura  y la música de ese tiempo.

La Coral, tomó  vida jurídica. Obtuvo de sus patrocinadores sede propia en la carrera 6a. con  calle  20 y dotación de instrumentos y mobiliario y dotación  para su funcionamiento, no obstante de haber funcionado en otros lugares como la carrera 4a. con calle 15 y carrera 1a. con 15, entre otros,  hasta  su actual sede en la carrera 4a. entre calles 11 y 12. 

Ese mismo grupo por iniciativa de Santofimio creó el Barrio Musicalia e impulsó el proyecto de la Concha Acústica,   bautizada con los nombres de Garzón y Collazos.

El mismo grupo que le dio vida a la Plaza de Toros Pepe Cáceres para espectáculos no solo del toreo sino musicales y artísticos.

El inevitable paso del tiempo, la lamentable desaparición de muchos de sus integrantes, y la aparición de nuevos ritmos que han atrapado a la juventud, ha generado la decadencia de ese grupo que mantuvo viva el alma musical de Ibagué y el Tolima por muchos años con merecido éxito y prestigio.

La Coral Ciudad Musical, marcó una época gloriosa de la vida nocturna de la Ibagué bohemia, y participó con  éxito en los festivales del folclor y actuó en el Conservatorio, por muchos años y acompañó por décadas a los  enamorados a llevar serenatas a los balcones de sus novias y enaltecieron muchísimos regocijos populares en nuestra capital.

Por todo esto, merecen el recuerdo agradecido de los ibaguereños amantes de la música  autóctona.



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