Crónicas

miércoles, septiembre 09, 2020

El batallón Caney

Esta es una narración del Ibagué de antaño, cuando este bailadero era lo máximo del mundo de la diversión furtiva y pagana de un pueblo-ciudad anacoreta y pacato. Por: Roberto Ortiz Villa
El batallón Caney

Vaca ladrona no olvida portillo ……Incorporar bandidos amnistiados a la fuerza pública es lo mismo que ¨ amarrar un gato con longaniza ¨( decía mi Padre )

A raíz de la amnistía de los guerrilleros de los Llanos, que comandaba Guadalupe Salcedo, un buen número de estos fueron incorporados al Departamento Administrativo de Seguridad para integrar el denominado DAS-RURAL .

Personas conflictivas y belicosas que se consideraban, sin Dios ni Ley. Al sector de Alvarado (Tol) fueron enviados 30 exguerrilleros al mando de un sujeto que se hacía llamar "Comandante Salcedo" y se presentaba como familiar de Guadalupe Salcedo; estos eran completamente autónomos y las autoridades no tenían fuero sobre ellos. Ibagué, la Ciudad Musical, se ha caracterizado por su ambiente festivo y cordial. Su clima templado favorecía una activa "vida nocturna" en contraste con las gélidas Tunja o Pasto, en las que, quien tenga la osadía de salir de noche lo único que encuentra es una pulmonía. Para deleite secreto de los señores existía en las afueras de la ciudad un sitio muy popular llamado "El Caney",  en donde se libaba el delicioso  aguardiente Tapa Roja y se gozaba de una estupenda pista de baile.

La música era con una estridente rocola que era acompañada por una batería que tocaba un moreno, con acompasada maestría, lo que quiere decir que los contertulios danzaban al son de las grabaciones de las mejores orquestas reforzadas por el magistral tamborilero. Allí acudían furtivamente todos los señores acompañados de sus  ocasionales  parejas, seleccionadas  en una de “aquellas casas” famosas para la época: “La Japonesa” cotizada por la buena fama de bailarinas de las muchachas, la de “Marina la Pobre” por las diminutas minifaldas que lindaban con el descote (los asiduos clientes bromeaban sobre la pobreza de Marina que justificaba la escasez de tela con la que medio vestía a sus exuberantes damiselas), la de “Marina la Rica” por sus chicas  importadas, que decían ser  Caleñas (así fueran de Boyacá) y la  “Casa de Aidé ”, que bailaba flamenco y tocaba castañuelas con maestría.

La "salida" de una muchacha generaba una fuerte "multa"  que se cancelaba por anticipado. Se acercaban las fiestas de San Juan y esa noche El Caney estaba como dicen los taurinos, lleno hasta las banderas  de una selecta concurrencia que hacía honor al aviso de: “Nos reservamos el derecho de admisión”….

Pasada la medianoche tuvo el desatino de llegar un poco pasado de copas  el “amnistiado Comandante Salcedo” con dos de sus guardaespaldas. El portero que se preciaba de conocer y seleccionar la clientela, trato de impedir el ingreso de los advenedizos, pero estos con un convincente trompadon lo persuadieron  y entraron con dos tiros al aire tomaron el mando de la situación, el tamborilero dejó de tocar y el Comandante Salcedo ordenó: todo el mundo a formar y las viejas dejen de chillar, para que no quedara duda de la seriedad de la orden la complemento con otros dos disparos, esta vez al piso ….

“El tonto del bombo a marcar el compás y los hombres a marchar” grito mientras en cada mano esgrimía una pistola 45 …. Tenderse …. Marchar…. Un, dos, tres …. Un , dos , tres…. Los guardaespaldas (muy precavidos) seguramente para evitar que alguno de los contertulios se volara sin pagar la cuenta, bloquearon la salida y con un acertado puntapié convencieron al administrador del bar que él también integraba el pelotón.

El mas acucioso  Sargento-Mayor o cualquier instructor de Orden Cerrado habría envidiado la disciplina y marcialidad con la que marcharon los reclutas del Batallón Caney, al mando de estos amnistiados. Un cliente que llegaba retardado, vio la situación y se regreso para el cuartel de la Policía en donde dio aviso. El Segundo Comandante del Departamento de Policía el Mayor Rafael Gelvez Stevan, personalmente se desplazo con 10 agentes en dos radio-patrullas hacia El Caney, pero los "exguerrilleros amnistiados" no tuvieron la cortesía de esperarlos y tomaron las de Villadiego.

Los representantes  de la ley, solo encontraron unas temblorosas y descoloridas damiselas y unos espantados parroquianos a quienes se les había despertado la rasca del susto, heridos tan solo en su amor propio. El Mayor Gelvez quien fue un distinguido caballero de magníficas relaciones (por lo tanto amigo o conocido de los contertulios) plantío la necesidad de poner una denuncia, para gestionar las sanciones correspondientes. Pero a los enfurecidos cuasi-soldados los invadió un “pánico conyugal” y como en la canción: Nadie estaba … nadie oyó ... .nadie vio ….

Las madrinas del pelotón, fueron reintegradas a sus "aquellas casas" y los reclutas del Batallón Caney licenciados y desacuartelados en secreto y estricta reserva.

Ni palos ni leña

Era Ibagué lo que se puede llamar un puerto seco o terrestre, lugar de paso obligado de toda la carga del o para el interior del país, transporte que se hacía a lomo de mula hasta Ibagué, con la circunstancia que en adelante  vía Cajamarca, venía el paso de "La Línea",  que por su acentuada pendiente debía hacerse con bueyes-

Por esta razón en Ibagué existían unos grandes corrales en donde se efectuaba el cambio de las mulas por los bueyes, además allí funcionaban las posadas para los arrieros. A la entrada de la población, en lo que hoy se conoce como  Picaleña,  había   una fonda atendida por  su  propietaria,  una agraciada muchacha oriunda de Pitalito, lo que hizo que los arrieros identificarán el lugar como los corrales de La Pitaleña (de Pitalito) . 

Con el tiempo y al desaparecer los corrales y las posadas por la llegada del ferrocarril y el transporte automotor, (y  seguramente, junto  con el  primer proyecto del “ túnel”), la gente transformó el nombre de PITALEÑA por PICALEÑA, pero en este árido lugar nunca hubo ni palos para cortar ni leña para picar.

!Alerta¡  camarón  que  se  duerme

Hace  200 años los Granadinos ( Colombianos ) dieron apoyo económico y logístico a los venezolanos en  su lucha emancipadora, llamada la Campaña  Admirable,  luego los ejércitos Granadino y Venezolano se unieron para  combatir con  arrojo  y valor contra la dictadura Española.

Hoy el pueblo venezolano es víctima de otra oprobiosa dictadura y solo un pequeño grupo de patriotas permanecen haciendo frente  contra tanta ignominia, mientras  millones de cobardes huyen despavoridos a los países vecinos. Flaco favor hacemos a la lucha reivindicadora de Venezuela  al recibir indiscriminadamente  a los miles de llamados exiliados  que nos están invadiendo  para dedicarse  al lucrativo negocio de pedir limosna  o  regalarnos  Bolívares falsos , a cambio  algunos Pesos , esos  sí legales … El ofrecimiento de trabajar en faenas agrícolas , en la zona cafetera , fue rechazado con indignación.

Esta invasión está afectando a  Colombia  de manera  preocupante: el índice de desempleo se disparó. La carga delictiva  va en alarmante aumento. Los servicios de salud que venían sobrecargados ya están  saturados y  al borde del colapso.

La falta de vacunación infantil  nos han traído o  generado epidemias  que el País tenía controladas (Polio, Sarampión Viruela). No es fatua la preocupación de nuestros organismos de seguridad cuando se preguntan cuántos de estos advenedizos, pueden ser  milicianos  infiltrados  a  quienes  ingenuamente se  les otorga  residencia  y nacionalidad y serán electores  en las próximas  elecciones.  No  se  requiere  ser  hechicero  para  adivinar por  quién  deben  votar. No padecemos de xenofobia, pero es urgente estudiar y  replantear el manejo de este cada día más grande problema.

Tenemos  una populachera  mal llamada generosidad  cuando. No hay cama pa' tanta gente. 

 

Por: Roberto Ortiz Villa, Capitán retirado de la Policía 



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