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miércoles, junio 23, 2021

El verdadero San Juan no es el tamal ni el sombrero de pindo

La discusión sobre el verdadero simbolismo del San Juan, el tamal y, ahora, el sombrero de pindo queda abierta, pero en ningún momento podemos perder el rumbo cultural de la verdadera celebración del 24 de junio, como fecha memorable del El Bautista en diversos lugares del mundo.
El verdadero San Juan no es el tamal ni el sombrero de pindo

Por: Humberto Leyton


Cada 24 de junio la discusión se hace recurrente, entre quienes defienden las tradiciones culturales y folclóricas y los que consideran que las fiestas se reducen al trago, el jolgorio, el tamal y el sombrero de pindo, donde subyacen innegables objetivos comerciales.

A esto se le cuelgan un resto de cachivaches y ventas ambulantes de supuestas artesanías, que le dan un colorido de mercado persa a las festividades donde se venden hasta yines y tenis de segunda.

Pero más allá del criterio mercantilista que algunos les quieren dar a las fiestas sanjuaneras, nosotros aspiramos llevar el debate al verdadero contenido de cultural y sus raíces; que hoy se tratan de ocultar a través de elementos que, aunque forman parte de las tradiciones folclóricas, no son los definitivos que caracterizan las celebraciones del solsticio de verano.

Hasta en estos tiempos de pandemia la connotación comercial que desde hace unos años le vienen imprimiendo a las fiestas del folclor, quieren hasta cambiarnos la imagen venerable, religiosa, ancestral y cultural de lo que significa el San Juan para los tolimenses. 

Si bien es cierto el tamal es uno de los platos apetecidos de nuestra gastronomía regional, bajo ninguna circunstancia puede remplazar la simbología y alegoría que representan el San Juan en la cultura en diferentes países y pueblos donde se celebra. 

Lo mismo ocurre con el sobrero de pindo, fabricado con una fibra o paja especial cultivada en las riberas de los ríos y afluente del Tolima Grande; que la Asamblea del Tolima oficializó en el año de 2010, por medio de una Ordenanza, donde además de institucionalizar la prenda para dar identidad, incluye obvios beneficios comerciales para quienes los fabrican. 

Años atrás, nos habían trasladado el 24 de junio, verdadero día de San Juan y día central de las fiestas de Ibagué y gran parte del departamento, para el San Pedro a fin de prolongar la jarana ocho días más, obviamente por razones comerciales de venta de trago, comidas, conciertos, discotecas, corridas de toros, venta de trajes típicos y todo el mercado que se relaciona con estas festividades. Infortunadamente, en estos tiempos de coronavirus, esta fiesta de derroche se frustró.

Sin embargo, ahora el negocio será virtual. No hay de otra, pero de seguro, las ganancias no serán las mismas. 

No obstante, el hecho que sin duda, rebosa la copa, es que se continúa preponderando al “Día del Tamal” y al “Sombrero de pindo”, como el  símbolo e ícono de las fiestas, cuando en realidad es San Juan. Esta perversa iniciativa está cambiando el imaginario de la juventud y la gente joven que al preguntársele que día se celebra el 24 de junio, responden de inmediato: "El Día del Tamal" y el “Sombrero de pindo”.

Esta publicidad auspiciada por las sucesivas administraciones desde Jorge Tulio Rodríguez, cuando institucionalizó por decreto 265 (junio 17 de 2002), el Día del Tamal el 24 de junio, ha venido, por razones económicas, quitándole protagonismo al verdadero patrono de las actividades folclóricas de los tolimenses que es San Juan.

Recordamos que la iniciativa original de esta fecha (Día del Tamal), fue del periodista Henry Rengifo, quien se la comentó al alcalde de la época Rodríguez Díaz, el que la materializó, pero se concibió  como una exaltación al delicioso plato de mesoamericano, afroamericano o afrocubano, dentro de la celebración del San Juan, nunca pensando en desplazar la costumbre verdadera folclórica; es decir, que el tamal debería girar en torno al santo y no a la inversa como parece se quiere imponer, sin el menor respeto ni consideración por nuestras tradiciones.

En estas condiciones, nos permitimos recordar a las frágiles memorias que buscan más el negocio que impulsar los valores culturales, que San Juan, El Bautista, es mucho más que un tamal o un sombrero. Es toda una leyenda universal, no solo bíblica sino histórica y política del desarrollo de la humanidad. Su nombre, desde la antigüedad, está ligado a la libertad, la igualdad y la fraternidad. No en vano, los masones lo consideran su Santo Patrono. No en vano los masones lo tomaron como su gran maestro en todas las logias del mundo, y el 24 de junio es un día sagrado para ellos. 

El día o fiestas de San Juan se celebran en diversos lugares del mundo desde hace siglos (España, Portugal, Reino Unido, Noruega, Dinamarca, Francia, Suecia, Filandria, y en América, en Bolivia, Venezuela, Perú, Ecuador, Paraguay y Puerto Rico, entre otros). En el Tolima, a través de la Ordenanza 54 del 30 de julio de 1935, la Asamblea Departamental declaró el 24 de junio, día cívico en homenaje precisamente a esta efemérides, asociada al solsticio de verano, cargada de simbolismos al fuego y al sol que en principio fue de origen pagano pero que con el correr del tiempo, como ha pasado con tantas otras celebraciones, la iglesia católica dentro del sincretismo religioso la fue transformando hasta convertirla en fiesta mística.

Juan El Bautista, considerado el primer profeta, que preparó el camino de la llegada de Jesús, se enfrenta al imperio romano. "Es una voz que clama en el desierto y que no calla. No calla ante la opresión y no gira el rostro ante los abusos de poder aunque no le afectasen personalmente. De tanto insistir, como suele suceder con los díscolos legitimados por la razón, su cabeza terminará sobre una bandeja de plata, en este caso como ofrenda obscena a una sensual y libidinosa bailarina, Salomé", nos dice José Miguel Salas Mejías en su artículo "San Juan y la masonería”, aparecido en el portal digital Diario Masónico.

Un ejemplar de estas calidades y condiciones humanas e históricas universales nunca puede ser reemplazado por un tamal o un sombrero, así el primero sea la delicia de la gastronomía regional y ocupe el primer lugar en el paladar de los tolimenses, y el segundo, la corona del reino Pijao.



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