Cultura

miércoles, junio 24, 2020

La soledad de San Juan

Los sitios que ayer congregaban a miles de fiesteros hoy escasamente unas cuantas personas transitan temerosas estos lugares de encuentro en las últimas horas de la mañana.
La soledad de San Juan

Como si se tratara de una fiesta fantasmal, los pocos ibaguereños que nos acercamos por los alrededores de la plaza de Bolívar, la gobernación y el parque Murillo Toro, sentimos una sensación de nostalgia de épocas pasadas. 

La carrera tercera la transitaban unas cuantas personas en forma temerosa y con tapabocas y en forma apresurada. Las vallas de seguridad que instalaron en este sector simplemente servían de estorbo, no cumplían ninguna función. La soledad reinaba. 

Igual cosa pasaba en el parque Murillo Toro, donde escasamente sobresalían unas casetas color blanco para la venta de tamales. Fue un primer reflejo que nos tomó de sorpresa cuando recordamos que el año anterior (2019), en la misma fecha y hora (junio 24, 11:00 de la mañana), casi con el mismo sol, estos lugares estaban repletos de gente alegre y alborotada, que gritaba y se movía de un lado y otro. Bailaban sanjuaneros y bambucos fiesteros o rajatablas u otra interpretación de aires colombianos, al son del parlante o del equipo de sonido de cualquier vehículo acompañante de las reinas, danzas  y carrozas.

Hoy un año después, faltó todo ese calor, el bullicio y romería de desfiles pasados, y en esta soledad solo invocamos el colorido, las alegorías y  el sabor al aguardiente o la cerveza, el sonido de la música, la algarabía y el balbuceo de uno que otro amigo ya con su tragos en la cabeza. 

Uno se puede sentir solo en un  estadio lleno, pero también en unos escenarios donde nunca falta la gente. Solo nos percatamos de la presencia de Carlos Cuellar, un conocido camarógrafo de televisión que  desde muy joven tiene como tradición acompañar los desfiles de su punto de inicio hasta la 42 con quinta, donde llegaba sin saber de dónde era vecino. 

Desde que es abuelo, en los últimos dos años, lleva a sus nietos al desfiles sanjuanero, y en esta oportunidad, pese a la pandemia tampoco faltó. Allí estaba con su pequeña nieta inculcándole la tradición y los valores folclóricos. 

"Sentí nostalgia, pero tenemos la esperanza que el año próximo todo regresará a la normalidad y volveremos al desfile", dice Cuellar, quien lleva 30 años cubriendo los desfiles ininterrumpidamente. 

Estas son las paradojas de la vida, de los cambios súbitos y repentinos que se presentan en historia, pero donde la fortaleza y decisión nos impide sucumbir ante la adversidad.

Pero a además de Cuellar, que en esta oportunidad utilizó su poncho como tapaboca para su protección y no como atuendo fiestero, César Loaiza, "El Indio Pijao", también estuvo allí con sus arreos y estandartes de guerra. Eran los personajes de una tradición que ni el coronavirus derrota.   

Estas escenas en medio de la soledad de unas fiestas de San Juan, eran a un mensaje de resiliencia, una voz que decía "Aquí estamos y resistiremos".        



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