Crónicas

domingo, mayo 02, 2021

El último viaje juntos, hacia la eternidad

#Homenaje l La historia de amor de dos tolimenses que bien podría ser el argumento de una tragedia de Shakespeare o de una novela de García Márquez. Un amor destinado a la eternidad, que solo pudo acabar la muerte, o una de esas injusticias de la vida que no tienen explicación alguna.
El último viaje juntos, hacia la eternidad

Por Alejandro Hernández


El lunes 19 de abril del 2021 Juan Edgar Mesa y Luz Mila Rubiano cumplieron 23 años de estar juntos. Lo celebraron a radiar en las aguas del río Guatapurí, departamento del César. Un día después desaparecieron. Los cuerpos sin vida de la pareja tolimense fueron hallados el viernes siguiente. Los habían asesinado vilmente por robarles su vehículo, un camión de carga que apenas empezaban a pagar.  

Luz Mila y Juan Edgar eran oriundos del sur del Tolima. Ella nació en Herrera, corregimiento de Rioblanco, y él, en Bilbao, corregimiento de Planadas. Nacieron y se criaron en el seno de familias humildes y trabajadoras.

La familia de Juan Edgar era de origen campesino. Él creció entre los cafetales y las montañas de Planadas, concretamente en la tradicional vereda El Recreo. Allí se crió junto a su mamá y a su padrastro, pues a su padre lo asesinaron cuando apenas tenía 7 años.

Mi papá para terminar el colegio tenía que trabajar un año, y al siguiente retomar sus estudios. Trabajaba un año, y estudiaba el siguiente. Le tocó una niñez muy difícil. Desde muy niño fue muy trabajador”, cuenta Juana Katherín, la hija mayor de Juan Edgar y Luz Mila.

Luz Mila, en cambio, fue hija de una reconocida profesora de Rioblanco. Crecieron en el casco urbano del corregimiento de Herrera. Fiel a la tradición de su núcleo familiar, desde muy niña Luz Mila se vio fascinada por la formación académica.

Mi mamá siempre nos inculcó que teníamos que prepararnos e irnos del pueblo a buscar un futuro mejor. Sabíamos que si nos quedábamos, las oportunidades de progresar serían muy pocas. Por eso a Luz Mila se la trajeron para Ibagué a los 15 años, a hacer el bachillerato en el colegio Los Andes”, relata Yuli Paola Rubiano, hermana menor de Luz Mila.

Sin embargo, una vez llegó a Ibagué para terminar su bachillerato, Luz Mila se sintió mal, y se dio cuenta que estaba embarazada. El papá de su hija era Juan Edgar, su primer amor, a quien había conocido en Herrera hace algún tiempo. El amor de Luz Mila y Juan Edgar fue eterno. Fueron su primer, su único y su último amor.  

“Eran almas gemelas. Siempre se les oía hablar con mucho amor y cariño. Nunca en mi vida los escuché peleando, y mucho menos agrediéndose. Era increíble ver que a pesar de tantos años, seguían amándose como si fueran novios. Todo el día se la pasaban diciéndose cosas bonitas”, resalta Katherin, su hija.

“Les complementaba la paciencia y la nobleza de mi hermana. Ella era demasiado noble. Eso ayudó a que en los momentos de diferencias, se apaciguaran las cargas fácilmente. Ellos siempre tuvieron paciencia y entendimiento, como ninguna otra pareja”, agrega Yuli Paola.

El fruto de ese amor tan genuino, tan extraño en una época de sentimientos pasajeros, fueron Juana Katherin, Juan Edgar junior y el pequeño Edwin Santiago. “Mi infancia fue muy bonita. Así no tuviéramos lujos, mi papá y mi mamá siempre se esforzaron por darnos todo. Nunca nos fuimos a la cama sin comer. Puedo decir que nunca nos dieron ningún golpe, ni tampoco nos gritaron; eran demasiado cariñosos. Unos súper papás, como siempre les dije”, recalca Katherín.

Juan Edgar sacó adelante a su familia con el sudor de su frente, y con el apoyo incondicional de Luz Mila. Él fue militar, guarda de seguridad, escolta, taxista, ayudante de obra, condujo vehículos de maquinaria pesada. Hizo de todo, menos rendirse. “Eran unos burros para el trabajo”, así los define Yuli Paola.

Mientras era el sostén más importante para Juan Edgar, y mientras él trabajaba para apoyarla, Luz Mila estudió Auxiliar de Enfermería en la Escuela de Salud San Pedro Claver. Así cumplió el sueño de toda su vida, ese que guardaba desde niña en Herrera.

“Mi mamá fue una de las mejores personas que Dios trajo a este mundo. No solo nos ayudó a nosotros, sino que también a gente en hogares sustitutos y hogares de drogadicción. Ella tenía un corazón muy grande. El día que la enterramos llegó un muchacho a quien le dio apoyo en drogadicción, y la lloraba, le decía que todo lo que tenía ahora era gracias a ella. Me sentí muy orgullosa de saber de quién era hija”, afirma Juana Katherin.

No obstante, mientras Luz Mila estudiaba y trabajaba como enfermera, el sueño de Juan Edgar seguía aplazado. Tener un vehículo de carga propio siempre fue su mayor anhelo. Lo soñó durante mucho tiempo, mientras conducía para otras personas. Ese sueño lo había cumplido hace dos meses antes de  que lo mataran, precisamente por robárselo.

A mi papá nunca le gustó quedarse en la casa o tener un trabajo normal. Él era feliz recorriendo las carreteras de Colombia, puedo asegurar que las conoció todas. Fue a muchísimas partes. A él lo que lo hacía feliz era salir a conocer, viajar. Disfrutaba mucho la vida, amaba los paisajes, adoraba la vivir. Puedo asegurar que vivió una gran vida, que la disfrutó mucho”, rememora la hija mayor de Juan Edgar.

El día que trajo el carro lloramos todos. La carrocería la armamos entre todos, incluso los vecinos nos ayudaron. Cuando parqueó el carro frente a la casa, todos nos pusimos a llorar… de felicidad. Fue el día más feliz como familia. Habíamos cumplido ese anhelo que siempre habíamos tenido. Y sabíamos que mi papá ahora sería todavía más feliz. Nunca olvidaré que le di un abrazo inmenso, y le dije que me sentía muy orgullosa de él”, añade Juana Katherin.

Una de las grandes pasiones de Juan Edgar era Atlético Nacional. Fue un ferviente apasionado del fútbol. Dejó decenas de fotografías luciendo camisetas del equipo verde. “Nuestro mayor pasatiempo en familia era hacer comida, sentarnos en la sala y vernos el partido de Nacional. A mi mamá también le encantaba. Además a mi papá le encantaban los deportes extremos. Me quedo con el sueño de que mi papá volvía del viaje en el que lo mataron, y nos íbamos los dos para Medellín a hacer parapente”, narra Juana Katherin.

El 22 de diciembre del 2020 Luz Mila y Juan Edgar, en medio de un viaje, visitaron a Yuli Paola en Granada, Meta. Luz Mila tenía muchas ganas de conocer a su sobrino, quien había nacido hace pocos meses. “Ella dijo que tenía que aprovechar esa oportunidad, porque no sabía cuándo la volvería a tener. Uno qué iba a saber que en verdad era la única vez que iba a ver a su sobrino”, recuerda Yuli Paola.

El último viaje de la pareja tolimense, fue casi que fortuito. Llevaban más de una semana sin verse, debido a otros viajes de Juan Edgar, por lo que sus hijos se unieron para que ellos se encontraran en Honda, y viajaran juntos hacia Medellín y el norte de Colombia. Le correspondió en esa ocasión a Luz Mila acompañar a su esposo, sin saber que sería su último viaje.

A las 9:56 de la mañana del pasado martes 20 de abril, fue la última vez que la familia tuvo contacto con Luz Mila y Juan Edgar. De la noche a la mañana una familia se destruyó. A partir de ese momento no volvieron a conocer la ubicación satelital de ellos. Un día después Katherine, su hija mayor, alertó al resto de su familia y empezó el sufrimiento.

Hasta ahora se conoce que una banda delincuencial asesinó a Juan Edgar y a Luz Mila por robarles las partes de su vehículo de carga. Ese mismo que fue el sueño de Juan Edgar durante toda su vida. Ese mismo vehículo que apenas habían empezado a pagar hace dos meses, fue hallado hecho pedazos, en la desolada zona de Patillal, corregimiento de Valledupar.

“23 años junticos. Hoy más que nunca le agradezco a mi Dios por darme a una excelente esposa, amiga y compañera”, fueron las últimas palabras que Juan Edgar le escribió a Luz Mila, o a la mujer de su vida, como también le decía. Ahora viajan juntos, como siempre lo hicieron, hacia la eternidad.



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