Crónicas

sábado, junio 20, 2020

El solitario adiós de "Tolima es malo"

Sin ceremonias ni acompañamientos fue sepultado Gabriel Cuitiva Parra, cuyo nombre no nos dice nada, pero si decimos "Tolima es malo", de seguro las dos o tres últimas generaciones de ibaguereños lo recordarán. Por: Humberto Leyton
El solitario adiós de "Tolima es malo"

Era uno de los últimos personajes típicos y folclóricos que quedaba. Desde hacía años estaba retirado de la vida pública y junto a personajes como "La Guacharaca", "Badana", "María Tarros", "El tonto  Manuel", "Bocadillo Bogotá", "El Dr. Adobe", "El Chivo Monguí"  y  "La Mariposa", entre otros, formaron parte de esa galería de figuras que se quedan en la memoria y retina de la gente, que los toma como algo propio y que hasta se encariña con ellos, por formar parte de nuestro propio inventario.  

Gabriel Cuitiva Parra, era el querido "Tolima es malo", aquel hombre de mediana estatura y un tanto corpulento que lucía mucho una camiseta del Deportes Tolima, y que para provocarlo o sacarle la piedra, los muchachos y también algunos adultos, le decían: "Tolima es malo" y de inmediato les soltaba sonora frase: "¡Su madre hijueputa!", la que le repetía varias veces y la  acompañaba de una que otra pedrada.

Al extremo izquierdo de cachucha en el círculo Gabriel Cuitiva Parra "Tolima es malo", sentado en el circulo,  Humberto González "El Negro Pingo", y parte de seguidores del Boca Juniors. (Foto:Suministrada por Fernando Varón P.).

Gabriel Cuitiva Parra, se dio a conocer por su afición al fútbol y por su amor al Deportes Tolima, el equipo de sus afectos, penas y alegrías. Incluso fue mensajero del club, en la época de la presidencia del médico Jorge Guzmán Molina, cuando el equipo era "El Tolimita", el que realmente pertenecía a todos y hasta rifas se hacían para su sostenimiento. Su pasión lo llevaba a coleccionar fotos de equipos, jugadores y jugadas que publicaban los periódicos.  

El abogado Fernando Varón Palomino, al recordar a su amigo Gabriel, cuenta que efectivamente este inició su apasionamiento por el fútbol fue en el Boca Juniors de los hermanos González, especialmente de Humberto, "El Negro Pingo",  que "fue su mentor y lo llevamos  a San Andrés y siempre nos acompañaba a los partidos y asistía a los entrenamientos del equipo. Era un personaje muy querido y apreciado".

El Boca Juniors, fue unos de los primeros equipos de fútbol que tuvo Ibagué y que dio origen al  Deportes Tolima, algunos de sus fundadores también lo fueron, también lo fueron del hoy equipo profesional.

Su presencia en las calles de Ibagué era diaria y notoria, todo el mundo tenía algo que ver con "Tolima es malo", así fuera desde lejos, pero a nadie le era indiferente. Fue un personaje que se encarnó en los habitantes de aquel pueblo-ciudad de finales del siglo  XX y principios del actual, que lo vieron caminar de prisa y un tanto encorvado, llevando parte de la historia picaresca de aquella ciudad pacata y anacoreta, donde las sotanas aún imponían sus credos.

El abolengo

Sin embargo, "Tolima es malo", se distinguía frente a los demás, era una persona que vestía pulcramente, vivía aseada y se codeaba con ciertos sectores de la alta sociedad de aquella época. Su madre, Mercedes o Merceditas, como le decían cariñosamente, era una mujer experta en cocina. "Toda una chef", dice Carlos Emilio Díaz, quien agrega que entre los clientes que tenía, estaba la familia Melendro, en cabeza de la señora Amina, los Torres (Augusto Torres), los González Cuervo, los Alvarado, y sin duda la familia del expresidente del Deportes Tolima Jorge Guzmán Molina, quien llevó a Gabriel Cuitiva, como mensajero del equipo.

Esta versión es confirmada por el exgobernador del Tolima, Carlos Alberto Estefan Upegui, quien señala que su padre, precisamente en las temporadas de Navidad, encargaba a Merceditas, la preparación de los pavos a la galantina para la cena. "Una de las especialidades que tenía, eran las comidas de Navidad", dice Carlos Emilio Díaz.

Por su parte, Enrique Cardoso, conocido contador e historiador de Ibagué, señala que "Gabriel Cuitiva Parra, era hermano del tenor del Conservatorio Jairo Velásquez, quien cantaba con Gonzalo Valencia, esposo de Leonorcita Buenaventura, la compositora conocida como "La Novia de Ibagué". Y era estimados por médicos como Álvaro Niño Espinosa y José Vicente Rengifo, que fue médico del Deportes Tolima".

El carro imaginario

Además de recordarles la madre y de echarles piedra a quienes lo provocaban, "Tolima es malo", conducía un carro imaginario que estacionaba en medio de dos árboles frente a su casa en la 3a. con 7a. del barrio Belén; y con el que recorría grandes distancias. Era normal verlo viajar en su vehículo invisible, desde el centro de la ciudad o su casa, hasta Buenos Aires y el Parque Deportivo. 

 Sus manos se convertían en un simulador de cabrilla, cambios y direccionales y sus pies en llantas y frenos. "Nunca cometía una infracción de tránsito y cuando estaba , manejando, nunca lo hacía en contravía. Siempre respetaba el sentido de las vías", dice Rubén Luna, uno de sus amigos.

"También pintaba buses con técnicas de regletas y tapas que dejaba perfectos, como si fueran fotografías reales; además de hacer largas correrías en su vehículo imaginario, que tomaba como una especie de ejercicios rutinarios", precisa Carlos Emilio Díaz, persona que se convirtió en una especie de albacea de Gabriel, después que murió Mercedes.

"Hace cuatro años lo llevamos al "Jardín de los Abuelos", donde tenía lo necesario. Allí vivió bien, sin ningún problema de salud hasta la semana pasada cuando nos informaron que lo habían llevado al centro hospitalario por un problema de una neumonía. Y en la madrugada del lunes festivo 14 de junio, murió", puntualiza Díaz, quien añade que además de su madre Mercedes y de un hermano que era tenor y profesor del Conservatorio, ya fallecido, nunca le conoció otros familiares.

Y como dice la canción de Piero, la "edad se le vino encima sin carnaval ni comparsa"y Gabriel Cuitiva Parra ("Tolima malo"), viajó al oriente eterno a la edad de 87 años, arropado con la soledad de los tiempos de pandemia, donde solo a su amigo Carlos Emilio Díaz, escasamente le dieron el lugar donde había quedado la bóveda en el cementerio San Bonifacio.



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