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Café con aroma de mujer

Café con aroma de mujer

Por Óscar Viña Pardo. Comunicador social - periodista

Son las seis de la mañana y Carolina llega al café del centro, consiguió el empleo hace dos meses gracias a la recomendación que diera una antigua amiga que corrió con buena suerte, dice Caro. 

Mientras Caro limpia la cafetera M39, la Cimbali, una de las mejores  en el mercado, Germán,  dueño del establecimiento dice que esa cafetera puede hacer cuatro cafés al mismo tiempo. 

Los clientes empiezan a llegar y las cafeterías son el punto de encuentro de pequeños y grandes comerciantes que negocian carbón, oro, plata y níquel. En otra mesa controvierten de política y está el aspirante al concejo convenciendo a sus amigos del porqué debe ser elegido en octubre.

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Es toda una babelia, personas hablando el mismo idioma pero diferentes temas que hace que el café de la mañana los vigorice mucho más en la jornada que comienza. 

Carolina atiende a unos pensionados que frecuentan el lugar todos los días y luego de servirles el café le dice a Germán: “Que señor tan sucio, esas palabrotas que me dice, gas". Ella como muchas otras mujeres jóvenes, son el atractivo de estos lugares donde los hombres maduros, disfrutan del café por un rato con los amigos y del coqueteo permanente a las mujeres que los atienden. 

Pero Germán dice que al final todo entra por los oídos y terminan accediendo a las peticiones de esos hombres que cuando se toman el café les dicen cuánta palabra hay en su vocabulario, son animales depredadores que todos los días están al acecho de su presa.

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Este año ya son 4 las jovenes que se me han retirado, tienen nuevos novios y son ellos los que ayudan a mantenerlas hasta que se aburren o quizás  cazan una nueva presa. 

Muchas de ellas salen con moto, las sacan a vivir dice Germán, quien se sorprendió hace un año cuando uno de los pensionados que frecuenta su lugar le dijo que le compraba a puerta cerrada su café y que le daba 50 millones de pesos en efectivo y que lo entregara de manera inmediata a Cindy, una joven de 19 años, ojos claros y curvas como de guitarra que lo tiene loco, ella solo sonreía mostrando su dentadura casi perfecta. 

Otras llegan a despedirse de su antiguo empleo con un cambio extremo, ropa recién comprada. A Germán lo aterra esta situación, pero por mucho que les insista que deben mantener la distancia con los clientes, el oído, ese sentido mágico termina haciendo de las suyas en un tiempo prudencial. 

Para Clara, ellas son unas trepadoras, que saben que provocan cuando sirven el café y se hacen las difíciles, porque si no hay conquista es lógico que las saquen al momentico, se convierten en ese polvo especial del café de la mañana. Pero, entre risas,  dice que el problema es que al otro día se deben tomar un nuevo café, fresco y caliente.    

En otros lugares de América Latina como Chile o Argentina, están los cafés con piernas, espacios donde el sabor y aroma del café pasa a un segundo plano, el deleite está en las mujeres que lucen un short corto o quizás vestido de baño y hacen que pensionados y jóvenes se aglutinen allí para deleitar una buena taza o una cerveza. 

En Medellín y Bogotá está Hoters, una cadena de restaurantes bar donde las jóvenes que atienden en cacheteros y un straple mostrando todo el esplendor de su cuerpo. Los comensales pueden tomarse fotografías con ellas y postearlas en la red, quizás allá también les endulzan el oído, porque como dijo Germán muchas de ellas terminan cediendo a esas palabras o mejor a las pensiones que originan atracciones fatales, nuevas esclavitudes. 

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Son las 3 de la tarde y el mismo café al que hemos reservado su nombre para proteger a comensales y personas que lo atienden vuelve babelia, noticias deportivas, como cierra el dólar, las últimas de Jaramillo o Barreto, hacen que los decibeles suban en el lugar.

Carolina sigue atendiendo las mesas, jadeándose, escuchando esas palabras sucias que terminarán ayudándola a salir pronto de allá para ser ama de casa, así sea por corto tiempo como lo expresa Clara.

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