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sábado, marzo 28, 2020

…Y la basura, ¿dónde está?

Mientras unos se preocupan por la pandemia, otros, quizás no piensen tanto en un contagio, sino más bien en la manera en cómo deben sobrevivir familias enteras en medio de los escombros. Por: John Anderson Otavo Ruiz
…Y la basura, ¿dónde está?

El día de ayer me encontraba viendo un reportaje español acerca de la afectación de la economía en Colombia. Digo afectación, pues el gobierno por medio de la aprobación del decreto 444 que ordena la creación del Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME) cuyos recursos provendrán, a préstamo, de los regionales del Fondo de Ahorros y Estabilización para enfrentar el famoso Covid-19, ha generado que dichas decisiones se consideren un “abuso absurdo” porque según dicen, el gobierno pretende autoprestarse recursos de los entes territoriales para entregárselos a bancos y empresas. Esto, consecuentemente desencadena una disminución de los recursos destinados para la salud y el cuidado de la gente y sus hogares.

Dicho todo esto, y desde la distancia me pregunto: ¿Será que en algún momento el gobierno piensa en aquellos que deben confinarse pero no cuentan con un contrato laboral o una empresa? ¿Será que algún gobernante ha pensado en las cifras que publicó el DANE (2020) en las que se revelan cerca de 3.216.000 desempleados, y sumado a ello las elevadas tasas de informalidad? Actualmente, Miles de personas que trabajan del día a día o del denominado “rebusque” (que para muchos resulta siendo la palabra adecuada para representar a un porcentaje de la población de mi país que vive de su economía informal), son el foco de atención de muchas personas, que en medio de la crisis se solidarizan y tratan de encarnar la frustración, el profundo miedo y la preocupación que viven aquellos que se sienten más desprotegidos por parte del Estado Colombiano.

No obstante, En medio del pánico colectivo que se ha sembrado, del confinamiento de muchas familias que afortunadamente satisfacen sus necesidades básicas, y de las restricciones establecidas por los gobernantes, ¿alguien se ha detenido a pensar en aquellas personas que trabajan y viven de la basura? ¿Te has puesto a pensar que al depositar basura y llevarla al carro recolector, indirectamente estás surtiendo un banquete de insumos para aquellos que en medio de la cotidianidad reconocen aquella basura como parte de su diario vivir?

En medio de esta larga, pero llevadera cuarentena, recordé un reportaje de Alegre Levy, una de las mejores cronistas del periodismo colombiano, quién en su texto “Mongo, zar de las basuras” narra la cotidianidad de los “profesionales de la basura” en el vertedero de Cali durante la década de los 60’s. Hoy en día, vuelvo a revivir la crónica de esta periodista ya fallecida, pero que tocó un tema que quizás pocos reconozcan en el plano de la vida social. Mientras muchos se alarman ante una pandemia que ha visitado casi todos los países del mundo, y a su vez ha cobrado la vida de unos cuantos miles; otros, quizás no piensen tanto en un contagio, sino más bien en la manera en cómo deben sobrevivir familias enteras en medio de los escombros.

En el año 2012, tuve la oportunidad de realizar un trabajo de investigación antropológico acerca del comportamiento de las personas en medio de las economías informales que funcionan en la Plaza de la calle 21 de Ibagué. En medio de la caminata, del ruido insaciable de muchos por vender, de la solidaridad de algunos por comercializar, pero también de los evidentes enfrentamientos territoriales por ocupar un amplio espacio de la calle para monopolizar los carteles de la fruta y la verdura, encontré a la señora Estela. Una mujer de avanzada edad que se dedicaba a vender verduras para aquel entonces, que entre la muchedumbre dedicó 35 minutos de su vida para contarme que en casi toda, fue recicladora del relleno sanitario “Doña Juana”, uno de los grandes vertederos de basura del país, ubicado en la localidad de ciudad Bolivar (Bogotá). Me contó que fue recicladora durante 40 años, y allí conoció el amor de su vida con quien tuvo cinco hijos. Evidentemente, la basura, que para nosotros es el desecho, lo inservible, aquello que representa el pasado; para ella y sus hijos significaba el todo. Representaba la posibilidad de encontrar en medio de las montañas de basura algo que monetariamente sustentara a su familia completa.

En ese preciso momento la miré a los ojos y le pregunté acerca de aquellos logros personales que había alcanzado durante sus años de trabajo en el vertedero de basuras, y su respuesta fue muy contundente, conmovedora, y muy lejana de la realidad de muchos: Me contestó que su mayor logro fue haber sacado adelante a sus hijos, y haber estado en la graduación de uno de ellos como bachiller académico. De igual forma, me contó que para aquella época, había encontrado en medio de los escombros copas desechables, flores marchitas y serpentinas con los que le celebró la reunión familiar. También, me dijo que la basura que otras personas arrojaban significaba para ella el sustento, no solo de ella y su familia, sino también de cientos de personas que dependían de este oficio, en el que diariamente se dedican a buscar en el fondo de los desperdicios una luz de esperanza, lejos de la inmundicia, una vida humana, un pan limpio, una sonrisa, una flor no marchita, o el cálido susurro de los buitres que acompañan las montañas de escombros.

Hoy, después de casi ocho años, me pregunto: ¿seguirá con vida la señora Estela? ¿Qué será de aquellos que así como ella, viven en medio de los escombros buscando una luz de esperanza para sus familias a través de la basura? Después de tantos ires y venires, pienso en la cantidad de veces en las que sacamos la bolsa de basura al contenedor, donde depositamos aquellas cosas que para nosotros ya no significan nada. Culturalmente, también se nos ha enseñado que a la basura también debemos depositar aquellas emociones y sentimientos que nos han hecho daño, y que por tanto, deben ser olvidadas por completo. Pues ahora, pienso de igual forma que lo que para la sociedad es inservible, para el profesional de la basura es el banquete de los miserables, de los poco conocidos y borrados casi por completo del escenario social. Aquel, que hace de tu basura, algo significativo para otros.

  • Por: John Anderson Otavo Ruiz , Licenciado en Ciencias Sociales, Universidad del Tolima.


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