Columnistas

jueves, septiembre 10, 2020

Desempleo juvenil: ¿Emigrar, lagartear, frustración o suicidio?

Esta no es la receta para dirimir el problema, no es el lineamiento de una política pública; es la cruda realidad que golpea en la cara, luego de sueños y expectativas truncadas por la empleabilidad del país. Por: Kevin Herney Castañeda Vargas
Desempleo juvenil: ¿Emigrar, lagartear, frustración o suicidio?

Cuando éramos niños o adolescentes, el estímulo de expectativas y sueños pasó por alto dos elementos importantes; por un lado, nunca existió una clara advertencia sobre las dificultades intrínsecas que implica nacer en el tercer mundo, y, por otro lado, la generación anterior ignoraba los efectos que trajo consigo la eliminación del sistema por sustitución de importaciones y la gran apertura económica de los 80 y 90, escenario propicio para la flexibilización laboral y la quiebra del tejido empresarial nacional.

Sin estos dos elementos claros, nuestras altas expectativas chocaron abruptamente con una realidad carente de oportunidades y llena de incertidumbre. La angustia se roba el sueño, la ansiedad tensa los músculos, irrita la piel y asfixia la tranquilidad, la incertidumbre nubla cada pensamiento, la frustración acompaña nuestros pasos y la depresión es un efecto lógico; estas son las sensaciones y pensamientos que embargan el día a día de la juventud colombiana, condenada al círculo del “No hay trabajo sin experiencia y no hay experiencia sin trabajo”.

En Colombia, uno de cada seis jóvenes se convierte en “Ni-Ni”, es decir, ni estudia, ni trabaja; en el segundo trimestre del año 2019 el desempleo juvenil se ubicó en 17,2% y, para el mismo periodo en el año 2020, esta cifra alcanzó el 29,5%; además, los que más buscan trabajo son los universitarios y, los jóvenes profesionales son los más demorados en encontrar empleo.

Existen diversas explicaciones para entender este fenómeno: desconexión productividad/academia, bajos niveles de competitividad local, tratados, internacionales, sobrecarga tributaria, carencia de meritocracia, entre otros. Pese a ello, en esta ocasión no quiero abordar temas que son de competencia institucional, quiero exponer la realidad cotidiana y los 4 caminos que los jóvenes están obligados a recorrer.

  1. Ante las dificultades para realizarse en Colombia, los jóvenes se embarcan en la misión de conquistar nuevos horizontes. Después de un difícil hasta luego, se desprenden de sus familias y buscan ocupar plazas en países con mejores oportunidades. En síntesis: “El futuro del país se prepara y educa para abandonar el país”.
  2. Con la batuta de trasnochados discursos de autoayuda y un concepto institucional de emprendimiento bastante rebuscado, los jóvenes tratan de crear su propia empresa o se ocupan en empleos que difieren de su preparación, es decir, trabajan en cosas completamente diferentes a las que estudiaron. La tarea no es sencilla, pues el 60% de las empresas nuevas se quiebran antes de 5 años, no hay estrategias claras para la protección de Mipymes y, la carga emocional que produce la frustración de botar 6 años de universidad a la basura muta en problemas de salud mental.
  3. Sin competitividad, sin relación sector productivo/ academia y sin un tejido empresarial sólido. Los jóvenes buscan en el Estado las oportunidades que el sector privado no pudo ofrecerles. Este escenario trae consigo ciertas condiciones, ya que para ingresar a estas instituciones se requiere palanca, capital electoral, pagar vacuna u ofrecer algún “servicio”.
  4. Por último, cuando los tres planes anteriores no funcionan y la conciencia es conquistada por un tortuoso “¿Ahora qué?” el organismo empieza a presentar alteraciones en serotonina, dopamina, noradrenalina, endorfina, cortisol y neuropsina, hormonas y proteínas que biológicamente son responsables de la depresión o ansiedad, elementos presentes en la consumación del suicidio. ¿Existirá alguna relación entre este panorama y el hecho de que la población joven represente el 43% de los suicidios en Colombia?  “¡Pero no se preocupen!”, “ha de ser estupidez generacional, ha de ser la debilidad millennial, no pensar bien las cosas o simple falta de Dios” …

En últimas, bajo el principio ideológico de “el pobre es pobre porque quiere” quizá esta columna para cierto lector carezca de relevancia, falte a la verdad o sea una exageración. Sólo quiero decirle al joven que somos miles en su situación, que “si usted no asume las riendas de su país, nadie se lo va a venir a cambiar” y, si este no es el caso, simplemente lo invito a que trate de no rendirse.

Por: Kevin Herney Castañeda Vargas, Politólogo Universidad del Tolima



También te puede gustar...