Política

domingo, enero 31, 2021

Irrevocable amor a Ibagué

Evocando el alma musical del Tolima y sus ancestros, haciendo una narración histórica en prosa, como es su costumbre, de la valía de sus gentes, el exministro y exsenador hace un emotivo llamado a la unidad y a deponer los odios para derrotar la pandemia y señala:"Unidos para convocar, no divididos para revocar".
Irrevocable amor a Ibagué

Meditación en voz alta

Por: Alberto Santofimio Botero.* 

Pensando en Ibagué, en su devenir presente y en su merecido futuro promisorio, he emprendido un viaje feliz a la memoria para reencontrarme con la sabia definición de Aristóteles: "Ciudad es una vida común para un fin noble".

Y, con fidelidad al pensamiento del magno filósofo de la antigüedad, así vivió siempre nuestra Ibagué.

Buscando en el transcurrir agitado de los años, el curso de la historia, y la tarea incesante  de los hombres, el encuentro con su genuina identidad característica.

Los viajeros impenitentes y los lectores omnívoros, sabemos que las ciudades, más allá de su arquitectura y su leyenda, caminan forjando su personalidad definitiva.

Por esto, entendemos que Roma, es una recia lección de historia.

París, es una explosión perenne de arte, cultura y seductora magia.

Madrid, es una castañuela alegre y coqueta, que nos captura al ritmo del característico chotis y  de un pasodoble, o al eco de un romancero.

Y, para nosotros, la Ibagué, símbolo, hogar y refugio, es una lección perenne de música, armonía y convivencia. Un albergue de sonidos y compases.

Ese es, su destino manifiesto que, jamás podemos traicionar. Estamos atados y comprometidos con el. 

Algunos, entre ellos, mi admirado amigo, el profesor Mario Laserna, propuso que nuestra capital se convirtiera en el futuro en un hábitat para gentes de la tercera edad, para envejecer, sin deteriorarse.

Soñó con una apacible ciudad, poblada por ancianos, viviendo dichosos ,entre la fluorescencia de ocobos y cámbulos, con la visión hechizada de soles encendidos, altas montañas, la plenitud del llano, y el sonoro arrullo del Combeima. Noches  de estrellas jóvenes y luna llena, con jardines olorosos a jazmín acariciados por la brisa amiga que nos regala el milenario Nevado del Tolima, escuchando el alegre trinar de tiples y guitarras.

Así lo hablé en tertulias imborrables en el Círculo de Ibagué, con el Fundador de la Universidad de los Andes.

Otros más devotos de la educación de la juventud han imaginado a nuestra capital como una ciudad universitaria por excelencia, dada la inusitada proliferación  competitiva de centros oficiales y privados de formación académica en diversas carreras y especializaciones. Al frente de todas ellas, la ya histórica de dos siglos, Universidad del Tolima, fundada en 1954,y la hoy, llamada Universidad de Ibagué, meritorio esfuerzo del sector privado. Obra iniciada con empeño visionario por Néstor Hernando Parra, Roberto Mejía Caicedo, Eduardo de León, José Ossorio Bedoya, y Santiago Meñaca, entre otros.

Algunos otros, han pensado en la Ibagué del porvenir, como un gran centro de tecnología agroindustrial, optimizando los  recursos naturales de la región, y aprovechando  la  propicia ubicación, en el centro de Colombia, y, además, nuestra experiencia en el cultivo de arroz, algodón, café, sorgo y la tradición ganadera y los experimentos piscícolas.

Otros más, especialmente, dentro de las nuevas generaciones, imaginan nuestra capital como un destino espléndido de turismo ecológico por el paisaje, el nevado, los caminos amables, la torrentera de quebradas y ríos, y la suntuosa oferta de nuestra exquisita gastronomía.

Todos estos sueños son compatibles en  una necesaria cohabitación o coexistencia pacífica, con nuestro supremo patrimonio cultural y musical.

Hay algo, venturosamente, muy arraigado en el alma secreta, íntima de la  conciencia colectiva  de los ibaguereños, que resiste y mantiene altiva y fuerte, su fidelidad a la tradición.

Ibagué tiene en su corazón palpitante la ambición  legítima de continuar enalteciendo su   título, ya legendario de "CIUDAD MUSICAL DE COLOMBIA".

Quizá una minoría audaz, la de aquellos que Shakespeare llamó "politick worms", gusanos políticos, sólo conciben la ciudad como una fuente de enriquecimiento fácil, y de ridículas y excéntricas posturas. Y, sus émulos del populismo  electorero despreciable, carecen de visión, ética y propósito esencial.

Alguien dijo por fortuna, que todas las artes esperaban a ser música. Si nosotros somos por antonomasia, la ciudad de la música, tengamos como suprema ambición colectiva seguir mereciendo ese título emblemático, ya histórico.

Como un homenaje al silencio de las tumbas de nuestros antepasados, y a la juventud que mira con derecho un futuro de ilusión y esperanza, defendamos con unidad y coraje, este patrimonio que hoy reside en la abnegada tarea de autores, compositores e intérpretes de la música colombiana, los que con sus instrumentos y sus voces la mantienen vigente, más allá de la indiferencia del estado.

Y, desde luego, paralelamente, preservar la devoción por la música clásica en el recinto sagrado del Conservatorio de Música del Tolima, que fundó el Maestro Alberto Castilla, y que mantuvieron con admirable empeño y decoro Amina Melendro de Pulecio y Leonor Buenaventura de Valencia, en décadas cruciales de la vida de la ciudad

No se oponen, por el contrario, se complementan con el anterior propósito cultural,  los proyectos y programas de interconexión vial, de salidas al flagelo de la movilidad, de la construcción de  escenarios deportivos y megacolegios para la juventud, todas justas e indispensables  soluciones macro, lo mismo para el  desarrollo  del sector rural y, sobre todo, al drama de la salud, la vivienda, y la  infraestructura hospitalaria.

Enfrentemos unidos, lejos de odios, mezquindades y rivalidades subalternas y  estériles, el reto superior que pide a gritos la ciudadanía independiente de derrotar la pandemia, la corrupción, el desempleo y la miseria que nos agobian.

Unidos para convocar, no divididos para revocar.

Todas las voluntades, respetando las diferencias, en un imperio de armonía social y respeto profundo por los derechos humanos, y la opinión ajena, encontraremos un ambiente sereno de avenimiento, entre todos.

Los que tuvimos la fortuna de nacer bajo este cielo iluminado, y quienes aquí han llegado y han sido acogidos generosamente como hermanos, todos somos ibaguereños.

Siempre habrá en nuestro corazón emocionado, un sentimiento IRREVOCABLE, nuestro terco y  altivo amor por Ibagué.

Solo así, seremos fieles al precepto aristotélico, preservando a Ibagué, como un tesoro del espíritu y llevando "Una vida, común, para un fin noble".

La Querencia, Villa de Leyva, enero 31 de 2021 

*ExMinistro de Estado, ExSenador de la República.

 



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