Política

domingo, febrero 21, 2021

Constituyente, juventud y poder moderador

El exsenador y exministro Alberto Santofimio Botero presenta este domingo un interesante documento de reflexión sobre la realidad política por la que atraviesa hoy el país. Hace un llamado a la juventud para que sea la protagonista del cambio.
Constituyente, juventud y poder moderador

Meditación en Voz Alta.

Por: Alberto Santofimio Botero*.

 

Si algún título adicional al de libre pensador y dedicado ordenador de palabras, puedo exhibir para escribir este mensaje, quizá sea el de haber librado en memorables jornadas parlamentarias, hasta lograr su aprobación en la Comisión  Primera  del Senado, y luego ,en la plenaria de la misma corporación del Acto Legislativo que le otorgó a la juventud colombiana, el derecho al voto a los 18 años.

La más trascendental reforma a la Carta Política, en aquel tiempo, por su espíritu progresista, que amplió, de manera significativa la participación democrática en nuestro país. Hasta entonces, ese derecho estaba reservado a los mayores de 21 años.

Con anterioridad a los debates de ley, en el parlamento ya me había correspondido dar una fuerte batalla intelectual en las Academias, las universidades, la plaza pública y los medios de comunicación.

Recuerdo bien mis intervenciones en el famoso programa  "El Juicio" que dirigía en la Televisora Nacional, el reputado periodista payanés, César Simons. En el sostuve ardorosa controversia, con altura y gallardía, con mi amigo, el fundador de la Universidad de los Andes, Mario Laserna Pinzón, tozudo y radical opositor a esta reforma.

Para esta tarea de legislador y polemista me sirvió como soporte esencial mi tesis de grado, de la cual fue presidente el Maestro Darío Echandía, expresidente de la República, sabio y filósofo considerado, por la opinión, como "la conciencia jurídica de Colombia". El aval del jurista, humanista y catedrático, fue el decisivo impulso parapromover mi defensa del voto paralos jóvenes de18 años.

El aparte del generoso concepto del esclarecido pensador, sobre mi convencida defensa de conceder el voto a los mayores de 18 años, lo dice todo. En "Lecturas Dominicales" del diario El Tiempo,apareció el escrito del Maestro Echandía,diciendo, en su aparte final: "He tratado de hacer una descripción sucinta del estudio de Santofimio Botero, y debo agregar que quien de él haga una lectura detenida, percibirá en sus páginas la amplia cultura,la generosidad intelectual,la noble ecuanimidad y el hondo sentimiento patrio de quien no solo supo destacarse en los bancos universitarios,sino que en edad temprana ha alcanzado ya algunas de las más altas dignidades que la Republica otorga a quienes lealmente le han servido".

He meditadopor estos días sobre cuál debe ser el papel fundamental de la juventud en la crítica coyuntura de extremismos enfrentados, donde no aparece, más allá del papel de espectadora, la fuerza y la  presencia histórica determinante, como ocurrió en la gesta de la independencia, luego en la republica liberal, o en el movimiento ciudadano  que determinó la caída de la dictadura de Rojas Pinilla,el 10 de mayo de 1957.

Se sintió antes de la pandemia, una ola de inconformidad juvenil sumándose a la protesta en las calles, sin poder establecer ni un derrotero claro de las causas de su presencia en estos episodios, ni tampoco líderes destacados, como en la épocas de Daniel el Rojo, en el emblemático mayo de 1968, llenando calles y plazas en París, con la consigna de "la imaginación al poder"  protestando contra el régimen del General De Gaulle,empujando una movilización por el cambio en la vida de Francia.

Con todo,la semilla de una gran renovación política y social, está ahí en el corazón de esa juventud que en las aulas, en el trabajo  o en  el desempleo, en la ciudad o en el campo ,en la legalidad o equivocada en la subversión ,está  llamada a un indiscutible  protagonismo histórico, sin resignarse al lánguido papel de espectadora, o a ser cauda inocente  de la encendida convocatoria de los extremismos. Una juventud limpia  de la escoria del odio y la violencia, es el ingrediente renovador que requiere en esta época crítica la sociedad colombiana. Para decirlo poéticamente con El Tuerto López: "Sin juventud la cosa está perdida, más que perdida, viejo bodegó".

Esta juventud deliberante, pensante, propositiva no podrá quedarse prisionera de la red digital,sinosalir a la escena de unprotagonismopolítico fundamental,volcarse comprometida a crear un nuevo país. Es la sangre renovadora, limpia y fresca que Colombia requiere en esta compleja encrucijada.

Tiene que ser actora fundamental, no para sumarse lánguidamente al coro vocinglero de la demagogia populista,ni para envalentonarla suicida división entre buenos y malos,sino para moderary jalonar un mínimo entendimiento de unidad nacional,y lograr llevarloa una nueva Constitución Política.

Esa juventud, como reserva y esperanza, debe erguirse como un gran poder moderador, que invite y jalone la potencia de transformación institucional, que garantice, paz, convivencia y tolerancia,   el inaplazable cambio en la política, en el Congreso, en el modelo económico, en el ordenamiento territorial, en  la  reforma a fondo de la  justicia, que ha sido   imposible realizar,como se ha demostrado a través del Congreso, bajo el alero de la  Constitución del 91,cuya  esclerosis múltiplees evidente,así sus disparatados  defensores, la sigan  considerando un monumento intocable,pétreo e irreformable.

Según el reconocido tratadista de la Escuela de Frankfur, Junger Habermas "la mayoría no puede tomar decisiones irrevocables".Entre otras cosas porque en democracia, la mayoría de hoypuededentrode la sana alternancia, ser la minoría del mañana,o viceversa,una minoríaderrotada, hoy, puedeen libertad, legítimamente, ser una sólida  mayoría  del mañana.

La juventud está llamada a despertar la conciencia colectiva para llevar a la Carta Política nuevos vientos, y audaces fórmulas de equidad,igualdad,justicia recta e independiente,y un modelo económico que logre rescatar de la asfixiante concentración de la riqueza y de las garras del capitalismo salvaje,  a las mayorías sumidas en la  pobreza,la desigualdad, y la imposibilidad de acceder a la información veraz, y a la difusión libre  de las ideas, en unos  medios masivos de comunicación, en poder de los dueños de la opulenta concentración  de la riqueza.

La juventud no ha hipotecado su sed de futuro, y de cambio en democracia. Su despertar tendrá que ser la garantía de una transformación democrática, congeladaen la batalla campal de los  extremismos.Tiene que ser el poder moderador,que nos haga marchar hacia adelante, unidos en la diversidad, en un país decidido, con vigencia  plena de la democracia, viva, activa y ampliamente participativa.

No caer en el túnel  de la tentación totalitaria,ni dejarse seducirpor los llamados facilistas del populismo y de la demagogia oportunista.

No se trata,como algunos pretenden con simplismo despreciable,desacreditar al gobierno de turno,persiguiendosolamente poder sustituirlo.O hablar de la toma de las mayorías del Congreso,sin acabar con sus grietas,sus vicios,pregonando unsupuesto cambio, pero instrumentando una lista reeleccionista al Congreso,de los mismos,con las mismas y para lo mismo. Un transnochado ejercicio electorero gatopardiano, pretendiendo, “que las cosas cambien para que pernanezcamos nosotros"

Alguien dijo con indudable acierto,que los extremismos son la peste de la política.Lo analizó,también, con agudo sentido Erich Fromm, el célebre autor del " Miedo a la libertad".El gran vicio de los extremistas, sean de derecha, izquierda, o de centro es "que buscan declarar la guerra en la política".

Estamos llegando en esta encrucijada, a lo que Carl Schimitt calificó como "la confrontación amigo- enemigo".

El vicio de convertir al contradictor en enemigo. En desconocer ,irracionalmente, la opinión, el mérito, y las virtudes del otro. No se busca competir ,sino destruir. No se pretende ganar  limpiamente, sino aplastar al adversario, con las armas más viles y despreciables.

En un agitado debateen el Senado de la República en 1995 sostuve, y hoy me reafirmo en este pensamiento sobre  mi acuerdo con el ilustre tratadista e insigne politólogo italiano,el profesor Norberto Bobbio,cuando dijo que"los extremismos de izquierda y de derecha, encuentran puntos de convergencia, y los ejemplificancon el título dellibro de uno de ellos"Contra la moderación".Nuestro principal enemigo son los moderados,afirmansin rubor.La antidemocracia no es más  que uno de los puntos de acuerdo,entre los extremismos opuestos".

La juventud tiene que levantarse, como el gran poder moderador que supere la estérilconfrontación de los extremos,para salvar la unidad nacionalen medio de la civilizada lucha de conceptos dispares. Lo demás, es avanzar hacia la guerra irracional, generada por la división entre buenos y malos, aupando lo que Tocqueville llamó  el crecimiento del despotismo estatal,elegido popularmente".

Buscar una mayoría electoral, no para jalonar un genuino cambio democrático, sino para destruir y apabullara quienes piensan de otra manera. A ciegas, pretenden llevar a la gente a ese reino irracional de amenaza, horror y miedo.

Volvamos al legado de ese pensador formidable,en muchos aspectos, aún vigente y actual, Carlos Marx,:  "la libertad consiste en hacer que el estado deje de ser un órgano sobreimpuesto a la sociedad,para subordinarsecompletamente a ella.".

En la deplorable coyuntura que vive Colombia,hay quienes pretenden,por la vía electoral,controlar  el Estado para sojuzgar la sociedad a su amaño.

Estamos ante la amenaza de un despotismo, que busca dividir, y no unir. De una fuerza, que en vez de construir, pretende arrasar con los valores, los principios y las opiniones de los oponentes .La siniestra división, entre buenos y malos. La absoluta irracionalidad de la política.

La juventud,como poder moderador,en medio de los extremismos y la demagogia,está llamadaa empujarcon fuerza y bríos,el cambio constitucional que requiere Colombiapara derrotar la corrupción, rescatar la justicia de sus graves falencias,diseñar un modelo económico,para el bienestar de todos,y no para el creciente enriquecimiento de unos pocos.Cambio en el sistema de organización y elección del poder legislativo,preservando su independencia del ejecutivo.

Cambio en el inequitativo sistema tributario,en la tenencia y explotación de la tierra,regresando a la fuente pura del pensamiento de la república liberal,cuando pregonó la indispensable función social de la propiedad.

Sin cambio de Constitución, los cambios periódicos de gobierno,nada trascendentalsignifican.Sería,sencillamente, reducir la democracia, aun rutinario ejercicio electoral.Escontinuar, secuestrando el cambio con el embeleco de manteneruna Constitución, bajo cuya vigencia ha crecido y se han multiplicadola violencia,la desigualdad,la pobreza,la inequidad de las grandes mayorías y al asesinato sistemático de líderes sociales y guerrilleros reinsertados.

Para cambiar ese frustrado tratado de paz,en que se ha convertido la Constitución del 91, se requiere de una gran movilización del poder moderador de la juventud,para,en democracia directa, transformar las instituciones e impulsar nuevos protagonistas.

Lo logró Chilerecientemente. ¿Porqué  no puede hacerlo Colombiapara salir de la encrucijada y derrotarpacíficamente, los elementos y los actores del desastre?.

Sobre la huella de la generación de la Independencia, rescatando de la pausa funesta del Frente Nacionalel ideario malogrado de la república liberal del siglo anterior,actualizándolo, se puede, y se debe esperar esta hazaña redentora.

La juventud tiene la misión de presionar,desde la calle,la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Esta no podrá ser un tigre suelto y feroz.

Por el contrario,el ideal es una Constituyente elegida por voto popular,con participación de todas las regiones,con un máximo de 100 miembros,con un periodo continuo improrrogable de 12 meses,a cuyo término expediría la nueva Carta Política,el verdadero Tratado de Paz para el siglo XXI.

Y, su compromiso histórico, sería realizar las Reformasa fondo de la Justicia,el ordenamiento territorial,la composición y forma de elección del poder legislativo,y el cambio del modelo económico, para la vigencia real de la función social de la propiedad,y la búsqueda de la equidad,la igualdad y el bienestar de todos los colombianos.

Lanzo este sueño solitario,desde el suelo fecundo donde vi la primera luz,y aspiro a morir un día.

Desde esta tierra heroica y generosa,la de la Escuela del Tolima,la de Manuel Murillo Toro,Alfonso López Pumarejo,Darío Echandía Olaya,Carlos Lozano y Lozano, Antonio Rocha Alvira,José Joaquín Caicedo Castilla,Rafael Parga Cortés,y Alfonso Palacio Rudas, de la cual nos sentimos orgullosos herederos,quienes en este tiempoconvulsionado e incierto,seguimos creyendo en las ideas y principios fundamentales de libertad,democracia,progreso y justicia social,de la más pura estirpe liberal.

De golpe, esto es solo un romántico y solitario sueño mío.A  eso nos invitó el gran barroco Pedro Calderón de la Barca,en su emblemática obra de teatro "La Vida es Sueño" en 1636.Aún así, soñar es quizá, el más sublime de los derechos delhombre libre.Pregonarlo es un deleite intelectual."Si mañana despierto", como el seductor título del poemario fascinante de Jorge Gaitán Durán, a lomejor,antes de que se cierren mis ojospara siempre,podré observar la primavera de lajuventud, levantando la bandera del poder moderador,para salvar la patria  colombiana de la guerra perpetuay  del naufragio, y  ponerla a vivir mejor,y de otra manera, reconciliada, con apasionada ilusión, con nuevas instituciones, y firme esperanza.Con confianza, y sin miedo, y sobretodo,sin el  sacrificio de la democracia y de  la libertad.

Ibagué, El Bunde, febrero 21 de 2021.

  *ExMinistro de Estado,ExSenador de la República.



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