Opinión

domingo, julio 11, 2021

Yo le hago el favorcito

Como se equivocan las personas que perteneciendo a una organización privada o pública le dicen a uno yo le hago el favorcito. Por Óscar Viña Pardo.
Yo le hago el favorcito

Molesta mucho la respuesta de las personas que trabajan con las organizaciones públicas o privadas que al solicitarle un servicio expresan con agrado o con disgusto: Yo le hago el favorcito, como si uno estuviera mendigando un servicio por el que ha pagado o tiene derecho como ciudadano colombiano.  

Por feo o por bonito no necesita uno que le hagan el favor, ni más faltaba, uno no está tan necesitado como los oficinistas creen, y al final cuando las personas reclaman sobre sus derechos se ponen bravos. 

Ejemplos varios

Dos meses después de pedir un cambio de servicio y aprovechar una promoción en una empresa privada le dicen al usuario que es reactivo y violento porque no sigue parsimonioso con un derecho adquirido desde meses anteriores cuando pago por la franquicia. La mediocridad de esa empresa reflejada en sus clientes internos se traslada a los clientes que deben esperar hasta que san Juan agache el dedo. 

La secretaria del consultorio privado de un especialista X o Y que asume como sub especialista y exige documentos que cree tiene derecho vulnerando los derechos en salud que tienen los pacientes. Se le olvida que el deber ser es primero aprender del sistema General de Seguridad Social en Salud y luego orientar al usuario. Por eso también colapsa el sistema, porque las peresonas al desconocer sus derechos y rutas de atención para ser atendido por un médico pasan hasta 6 meses, haciendo que la misma enfermedad avance y de qué manera.  

El funcionario público que asume los manuales de las organizaciones estatales como se le da la gana, y pone a voltear al ciudadano del común una y otra vez, con el agravante como dicen los cibernautas que ahora con la alternancia, la atención y solución a los problemas de las personas toma hasta una eternidad. 

Al final dicen siempre, pero no se altere señor (a) que yo le hago el favor. Reconozco que esta nota tiene dos verdades y la otra orilla también tienen su problemas, y de todo se ve en la Viña del Señor. Lo único cierto es que no nos están haciendo el favorcito.



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