Opinión

martes, febrero 04, 2020

Una vaca por el bosque

Después de varias sesiones el proceso quedó congelado por una razón: todos los actores involucrados querían declarar el área protegida menos uno: los propietarios de las tierras. Al menos no gratis. Por: César Picón
Una vaca por el bosque

Ibagué y Cajamarca comparten un tesoro invaluable: el bosque de palma de cera mas grande del mundo. Mas de 600 mil palmas están distribuidas en un áreasuperior a las 6 mil hectáreas alrededor de la microcuenca del río Tochecito, un territorio maravilloso desbordado en belleza y vida, pero amenazado de muerte. La ganadería extensiva y los cultivos crecen a un ritmo acelerado dejando cada vez menos espacio para este bosque y toda la fauna y flora que vive allí.

Esta semana la fundación ProAves publicó imágenes lamentables que demuestran como están fumigando y quemando amplias extensiones de bosque con el propósito de implementar cultivos de arracacha y quizá otros productos, una práctica que desde hace muchos años viene poniendo en jaque la supervivencia de semejante patrimonio natural e histórico.

Hace mas de dos años, como Secretario de Ambiente de Ibagué, estuve participando en las mesas de trabajo convocadas por el Ministerio de Ambiente, el Instituto Humboldt, Cortolima y otras tantas entidades,con elpropósito fundamental deestablecer una ruta que permitiera la declaratoria de área protegida del polígono denominado Tochecito, donde viven las palmas de cera.

Después de varias sesiones el proceso quedó congelado por una razón: todos los actores involucrados querían declarar el área protegida menos uno: los propietarios de las tierras. Al menos no gratis. No es que estuvieran en desacuerdo con proteger el bosque, pero dejar de aprovechar el potencial productivo de las fincas a cambio de nada no es una opción. Como ya se dijo, son miles de hectáreas con las mejores condiciones agroecológicas para la agricultura y la ganadería, además, sobre parte de esa zona hay adjudicados títulosmineros que incrementan el interés sobre esos predios y por supuesto su valor.

¿Acaso cual es el incentivo para modificar el uso que le estaban dando o le querían dar a sus tierras?, ¿Por qué debían pensar mas en la conservación de los palmares que en desarrollar sus proyectos productivos?, ¿Acaso había alguien dispuesto a pagar por evitar que los propietarios dejaran de rentabilizar su suelo?; esas preguntas sin respuesta terminaron por bloquear, al menos por ahora, el anhelo de garantizar la protección de esta preciosa porción de la cordillera central.

Lo que esta en riesgo es un ecosistema sin par en el mundo y por eso es inaplazable concretar la declaratoria. Ya se sabe que gratis no se va a lograr, por eso es preciso que las entidades publicas “hagan una vaca” y compren esos predios para declarar la zona como un parque regional administrado y controlado por Cortolima. Suponiendo que la hectárea cueste alrededor de 3 millones de pesos, el costo total se acercaría a los 20 mil millones. Solo la Alcaldía de Ibagué cuenta con 5 mil millones de vigencias pasadas que se podrían destinar a la compra de estos predios (sin sumar los de esta y las próximas vigencias), y podrían sumarse aportes del Ministerio de Ambiente, la Alcaldía de Cajamarca, Cortolima y la Gobernación del Tolima.

La palma de cera es el árbol nacional, aparece como una especie vulnerable y con el paso del tiempo corre mas riesgos de desaparecer. O se toman a tiempo las decisiones correctas o el día de mañana nadie nos perdonará el haber dejado desaparecer el sorprendente “bosque sobre bosque” de Humboldt.



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