Opinión

domingo, septiembre 12, 2021

Los platos sucios se lavan en casa

Los hechos que se dieron a conocer la semana anterior en la casa de RCN Ibagué, ponen de nuevo en el tintero el porqué a las mujeres que se destacan, las organizaciones les dan tan duro.
Los platos sucios se lavan en casa

Por Óscar Viña Pardo


Hace menos de una semana en el Cronista.co publicamos un informe sobre la dura realidad de las mujeres en la política en donde seis de cada 10 mujeres han experimentado algún tipo de violencia. 

Pero el tema no solo está en el entorno político. En todas las esferas pasa lo mismo. No hemos podido quitarnos ese lastre del discurso hegemónico donde el patriarcado y machismo, venga de donde venga, hace mella y pese a las políticas públicas por buscar equidad e igualdad, todavía estamos en pañales y más desde la opinión pública. 

El caso al que me refiero tiene que ver con el 'narrador de multitudes' Carlos Giraldo Díaz quien anunció su salida de RCN. En las notas publicadas por varios medios de comunicación indican que el ya pensionado Giraldo Diaz quien conserva esa voz intacta y la misma emoción al narrar los goles tuvo diferencias con la gerente. Esos trapos se lavan en casa, digo yo. 

Demeritar el trabajo de Claudia Aristizabal es no reconocer su trayectoria en el ámbito empresarial, es hacerse el de la vista gorda con una carrera que inició en esa misma casa de noticias desde abajo y que gracias a su tenacidad y disciplina la llevaron a ser seleccionada por los dueños de la compañía como reemplazo de Alonso Botero, el eterno gerente. 

Como todos, como yo, no somos moneda de oro, pero cuando los dueños del medio piden cuentas no lo hacen a los periodistas o comentaristas, para eso hay una cabeza visible y se llama Claudia Aristizabal que entre amores y odios sigue siendo la voz cantante y plena en la radio, recordemos que maneja no una emisora, sino varios diales en amplitud y frecuencia modulada en el Tolima y Huila. 

No hagamos parte de esa cadena de violencia hacia la mujer que de manera sistemática se radicaliza a través de los medios de comunicación y ahora en redes sociales. Por eso, hago esta columna de opinión que expresa mi pensamiento. Quiero ser parte de ese grupo de personas que no pueden sumarse a esa visión distorsionada de la realidad de las mujeres y asumiendo sus condiciones como algo normal y natural aumentado en el imaginario el nivel de violencia.

Quiero dejar en el tintero que todos debemos propiciar cambios significativos en nuestra forma de actuar y pensar desde la igualdad, la justicia y el bien común.  Quizás mi pensamiento como parte de esa realidad a partir de mi madre haga que estas acciones sean cotidianas. 

A otros no, y es ahí donde debemos interiorizar todo ese discurso de los derechos humanos apoyando una educación y participación laboral igualitaria.

Mi invitación es a esto, porque Claudia hace parte del grupo de mujeres que jalonan entre sus pares un proceso de instituciones formalmente igualitarias en donde las discriminaciones bien encubiertas pasan a un segundo plano, gracias a esas visiones generenciales que transforman sociedades.  

Finalmente no se trata de Claudia, puede ser Gloria, Dolly, Liliana, Nataly, Sofía, Clara, Jackie, Lucía, Mercedes, Marías, todas mujeres poderosas que escriben su propia historia en cada organización, que ponen su sello, que buscan que esa brecha de desigualdad en el empleo sea cada vez menor y las mujeres salgan de ese 35% en Colombia en cargos gerenciales como lo informa el diario La República el 28 de agosto de 2020.



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