Opinión

martes, junio 22, 2021

Jonathan Marín, un cura con sotana social

Los tuits del joven sacerdote jesuita mueven las redes sociales y pronostican el advenimiento de un clero comprometido con el pueblo y los problemas reales que padecen las comunidades.
Jonathan Marín, un cura con sotana social

Por Humberto Leyton


El sacerdote Jonathan Marín, es un novel clérigo de 33 años, que recientemente defendió con éxito su tesis de licenciatura en Filosofía titulada: "Religión y violencia: mimesis, evangelio y escalada a los extremos”, calificada con un cinco por el jurado que la aprobó, integrado por destacados y estudiosos sacerdotes jesuitas. 

Y mientras esto pasaba en la Compañía de Jesús, la senadora ultraderechista y oscurantista María Fernanda Cabal, escribía en su cuenta de Twitter que “Los sacerdotes comunistas de la teología de la liberación son jesuitas, claretianos y redentoristas. Expertos en movilización de masas. Qué vergüenza cómo instrumentalizan colegiales. Curas malévolos que enaltecen la violencia como forma de lucha”. 

A esta diatriba, le respondió el padre Jonathan Marín: “Camarada @MariaFdaCabal: nosotros estamos muy contentos de poder educar a sus hijos en nuestra “castrochavista” Universidad Javeriana”.

Con esta respuesta, ante el descalificativo y trato de “comunistas”, que les dio la cavernaria dirigente del Centro Democrático, a los sacerdotes comprometidos en las luchas sociales, y en especial, con el paro nacional y los jóvenes que fueron su ingrediente fundamental, el levita Marín, muestra de qué está hecho y a favor de quiénes está. 

La orden religiosa a la que pertenece Marín, es conocida en todo el mundo por agrupar al sector intelectual más capaz del catolicismo, los que manejan las mejores universidades del clero y una buena parte de las finanzas de la poderosa iglesia Católica. Pero a la vez, también son reconocidos por representar a una corriente de avanzada dentro de las tendencias religiosas y políticas que se mueven al interior de la curia romana. 

No es extraño entonces, ni es la primera vez, que un sacerdote jesuita toma partido a favor de su pueblo, ejemplos abundan de sotanas de diferentes órdenes que están en contra de la religión uribista.

Jonathan Marín, en nuestro criterio, encarna ese clero joven que no escapa al momento social que vive el pueblo colombiano, a las ansias de cambios represados desde hace muchos años, y que hoy se pone al lado de los que sufren el embate de esa despiadada política neoliberal y de capitalismo salvaje que representa esa falsa religión uribista que nos gobierna a sangre y fuego. 

Por eso, los trinos de nuestro clérigo también sienten esa muerte macabra y despiadada de Santiago Ochoa, de Santiago Murillo y de tantos otros que han caído en esta lucha por conquistar una vida mejor, sin tanta hambre y necesidades,  sin tanto oprobio, miedo ni terror. 

De allí, que Marín también trine: “Se les olvida a algunos que quienes consiguieron ASESINAR a Jesús fueron los que se creían mejores, buenos, puros y santos: la “gente de bien” de aquel entonces. 

Así me digan “Mal sacerdote”, ¡No importa!

Comprendo mi ministerio en las coordenadas de la Cruz de Jesús”. 

La voz del padre Marín, refresca y sacude al anquilosado, silencioso y cómplice clero que contempla desde ampulosas mansiones y altares el sufrir, la agonía y el desespero de inmensas capas sociales. 

En los actuales momentos, estos trinos esperanzadores se convierten en mensajes clarificadores de una lucha que hace pausas pero que no olvida su objetivo final. Es una jornada en la que están comprometidos no solo los sacerdotes de la Primera Línea de Cali, sino de muchos más que en todo el país claman por justicia social, por libertades democráticas y por el cese de la represión gubernamental contra manifestaciones, dirigentes sociales y estudiantiles. 

“La movilización social no es una cosa fortuita, sino que es por una situación de olvido estatal y otro montón de cosas, entre ellas, vidas poco dignas”, señaló el religioso al programa radial 6AM de Caracol, para luego agregar: “Creo que estamos en un momento crítico debido a la sordera que permea muchos sectores de nuestra sociedad y debemos ser autocríticos”.

Pero fue más allá al referirse a los jóvenes que participan en las marchas: “Los jóvenes no son el futuro de la sociedad y de la iglesia, son el presente”.
Y al referirse a las marchas puntualizó: “En el fondo uno podría concluir que esta es una violencia contra el presente de nuestro país al ver tantos jóvenes asesinados”. 

Sobra decir que el sacerdote Jonathan Marín, tiene la suficiente claridad de lo que está ocurriendo en el país, y que si bien no se trata de un nuevo Camilo Torres, ni del grupo de Golconda, sí nos hace recordar el compromiso con los más desposeídos que tuvo el sacrificado monseñor Óscar Arnulfo Romero en El Salvador, o el padre Álvaro Ulcué Chocué, entre otros tantos. 

En este caso, podemos avizorar que son sotanas que se rebelan contra el corrupto establecimiento,  que como Jesús, quieren que sus mandatos bíblicos de paz, prosperidad y libertad, los gocen hombres y mujeres por igual en la tierra, oponiéndose diametralmente a las predicas de los falsos sacerdotes  del credo dogmático uribista.



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