Opinión

viernes, noviembre 19, 2021

Inteligencia militar

Una vez más, la policía colombiana hizo alarde de su inteligencia; inteligencia militar, por supuesto. En la escuela de policía de Tuluá, en el corazón del Valle del Cauca, no se les ocurrió una mejor manera de homenajear a Alemania que vistiéndose de nazis y hasta disfrazando a uno de sus integrantes de Adolfo Hitler. Sólo les faltó un campo de concentración o un horno crematorio con algún cadáver judío dentro. La vergüenza, apenas digna de los esbirros de MinMasacre Molano, el mismo que declaró a Irán como país enemigo, causó ira en las embajadas de Alemania e Israel, e indignación en los colombianos inteligentes. Sobra imaginar que María Fernanda Cabal y los que le piensan vender el voto se sentirían representados.
Inteligencia militar

Pero ese ridículo internacional no debe sorprendernos. De hecho, es el menor de los múltiples escándalos de nuestras “gloriosas” fuerzas armadas. Recuerden que hemos tenido policías llevando las bolsas del mercado de los parásitos que nos gobiernan y sosteniendo las sombrillas de figuras de la realeza a las que se les caen las manos si hacen un esfuerzo físico, ni qué decir mental.

De todas maneras, ese servilismo al que obligan al pobre agente o soldado de a pie es lo de menos. Mucho más grave es que el estado ha usado, durante décadas, a las fuerzas militares como sus asesinos personalizados: la Popol, el DAS, la Sijín, el Esmad son sólo algunos ejemplos en los que los gobiernos de turno han convertido a sus “héroes de la patria” en sicarios que persiguen, asesinan y desaparecen opositores políticos o simples protestantes callejeros. Y gozan de total impunidad, por supuesto. Recuerden cuánto han evadido la justicia los policías asesinos del joven Santiago Murillo, por citar sólo el más cercano de los muchos ejemplos.

“Mafiosos capturando mafiosos”, escribió en Twitter el actor Julián Román cuando capturaron a Otoniel en el sonreído montaje. Se quedó corto, hace mucho que las fuerzas militares son abiertamente delincuentes.  Recuerden que hemos tenido policías cargando de coca avionetas de narcotraficantes, protegiendo paramilitares urbanos que disparaban a estudiantes, directamente relacionados con el Cartel del Golfo, prostituidos en la Comunidad del Anillo o, simplemente, violando mujeres en los mismos CAI.

Mejor dicho, que dejen de disfrazarse de nazis y, abiertamente, asuman esa política como su guía espiritual y material. Después de todo, hace mucho que piensan y actúan como nazis.



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