Opinión

martes, abril 27, 2021

Hay motivos de sobra para el paro de este 28

Análisis. Independientemente de la discusión sobre si el paro se debe realizar en medio del tercer pico de la pandemia, aplazarlo, suspenderlo o emplear otras formas de lucha para protestar, lo innegable es que las razones que lo motivaron son de peso y muy abultadas
Hay motivos de sobra para el paro de este 28

Las conquistas sociales, las reivindicaciones y las libertades públicas y privadas, históricamente, se han conseguido luchando. Ningún avance de la sociedad se ha logrado de otra forma.

Las eras sociales, desde el primitivismo, pasando por la esclavitud, el feudalismo y ahora el capitalismo, han demostrado que las conquistas de los sectores desposeídos, que solo tienen su fuerza de trabajo para subsistir, solo se han conseguido en el fragor de la lucha y que nadie les ha regalado nada.

Por eso, el paro nacional convocado para este miércoles 28 de abril, por diversas fuerzas sindicales, sociales y políticas, para rechazar la política laboral y económica del régimen autoritario uribista del presidente Iván Duque, es más que justa.

Sobran los motivos como en la canción de Sabina, para protestar contra una política despiadada de puro neoliberalismo salvaje que busca enviar a la clase media, empleados y trabajadores a la pobreza absoluta; amén de recortar derechos políticos y libertades públicas como ha sido característica de este desgobierno.

La óptica de gobierno corporativo (al servicio de grandes empresas y del capital financiero), es trabaja únicamente para enriquecer más a estos grupos a costa de los sectores más desprotegidos de la sociedad. De allí, la presentación al Congreso de la reforma tributaria, también conocida como “El paquetazo”, donde el gobierno de Duque intenta esquilmar, aún más, los bolsillos de los empleados, profesionales, trabajadores, pequeños y medianos empresarios con medidas que tendrán un fuerte impacto económico y social.

La propuesta gubernamental pretende atentar contra las pensiones poniéndoles impuestos, eliminar el fondo estatal de pensiones (Colpensiones), aumentar la edad de jubilación y reducir el salario para los jóvenes hasta ubicarlo en 75% del mínimo, entre otras medidas. Pero además de eso, tenemos una serie de medidas como el impuesto del IVA del 19% a los servicios públicos (agua, luz, teléfono, celulares, internet, entre otros), a productos básicos de la canasta familiar, declaración de renta a quienes ganen más de un millón 200 mil pesos, y si seguimos no acabamos, baste decir que hasta los funerales tienen IVA.

Y, mientras el gobierno busca supuestamente sanear las finanzas estatales afectadas por la pandemia, con esta reforma tributaria draconiana, no se entiende el derroche de dinero que hace en destinar 14 mil millones para compra de aviones de guerra, incremento de la burocracia, contratos millonarios innecesarios de publicidad, programas de televisión para defender su gobierno, entre otros gastos superfluos. Es un gobierno derrochón.   

Además, se agrega la pobre ¿miserable? defensa que le hicieron a este proyecto confiscatorio el ministro Carrasquilla al desconocer absolutamente el costo de la canasta familiar al afirmar que una docena de huevos valía mil 800 pesos y luego, la del presidente Duque, que dijo desconocer que la reforma contenía impuesto del IVA para los funerales y que no lo consideraba necesario; lo que indica que ninguno de estos funcionarios conocía la reforma tributaria. ¿Cabe preguntarnos: entonces quién nos gobierna?   

A ello se agrega el incumplimiento de los acuerdos de paz que ha generado el incremento exponencial de la violencia en el actual gobierno, donde la muerte se ha tomado a los campos con masacres permanentes, asesinatos de líderes y lideresas sociales, indígenas y defensores de derechos humanos; también excombatientes de las Farc que suscribieron los acuerdos de paz.

La baja inversión en el sector educativo es otro punto de la protesta. Los protestantes reclaman el cumplimiento de acuerdos firmados el año pasado después de más de dos meses de protestas y que incluyen inversiones para las universidades públicas por unos mil 300 millones de dólares.

En resumen, tenemos clara la situación con el paro nacional: es una repuesta justa y necesaria ante un régimen que es fuerte para golpear a los débiles y generoso para favorecer a los fuertes.



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