Opinión

sábado, junio 18, 2022

Ética y economía

Desde un tiempo hasta esta parte, la ciencia de la economía viene teniendo un lugar preponderante en los gobiernos y legislaturas del mundo entero. Una economía que ha priorizado el desarrollo de las grandes empresas y corporaciones en desmedro de la enorme y creciente cantidad de trabajadores y habitantes del planeta.
Ética y economía

Por Juan Bautista Pasten G.


En efecto, prácticamente, todas las ciencias, tanto sociales como naturales, así como todas actividades desarrolladas por las personas – desde las cotidianas a las genéricas – están subordinadas a la economía y, por tanto, a quienes la ejercen, dirigen y manejan.

Ahora bien, para conocer, en mayor medida, la economía y su aplicación, consideramos oportuno precisar, a grandes rasgos, los fines y objetivos que caracterizan a la diversidad de ciencias y quehaceres humanos. Para ello, recurrimos al excelso filósofo griego Aristóteles (siglo IV a.C.), el cual estableció 3 clases de disciplinas y/o ciencias; ellas son las siguientes:

  1. Actividades productivas, como su nombre lo indica, son aquellas cuya finalidad es generar una obra, dejar un producto en la sociedad o mundo. Ejemplos son: los quehaceres artísticos en general (música, literatura, pintura, teatro, escultura), además de la publicidad, las ingenierías, la gastronomía, entre otras.
  2.  Actividades especulativas, son aquellas en que los objetivos deben ser descubiertos o develados, tales como la metafísica, la matemática, la física y la astronomía; para ello, es menester hacer uso de la investigación, el análisis y la reflexión.
  3. Actividades sociales, a diferencia de las anteriores, la finalidad de éstas se halla en la acción misma (“praxis”), es decir, se unifican en ella la causa y la consecuencia. Ejemplos de ciencias prácticas, son la política, la moral, la educación y la economía. Las ciencias sociales repercuten en el comportamiento, conducta y existencia de las personas.

Ahora, entonces, estamos en condiciones de clarificar el sentido y proyección de la ciencia de la economía, al concebirla en el mismo plano social de la política y, sobre todo, de la ética.

Por lo pronto, la interrogante surge de modo directo y espontáneo: ¿la economía está siendo considerada y emparentada con sus símiles de la política y la ética? o más bien, ¿la economía ha sido ubicada en un sitial más elevado respecto de las mencionadas?

Ciertamente, son preguntas que requieren un examen bastante más amplio y profundo que un artículo, situación que abordaremos a posteriori. Sin embargo, en lo inmediato, es pertinente precisar algunos aspectos.

Como fue indicado anteriormente, observamos con extrañeza filosófica, la creciente importancia que tiene la economía por sobre ciencias mucho más relevantes para un auténtico desarrollo evolutivo de la humanidad. Efectivamente, hoy, la economía está ocupada en el crecimiento de las grandes empresas y corporaciones transnacionales - lo que se denomina “macroeconomía” – y, por tanto, los beneficios alcanzan a cantidad limitada de individuos, mientras sectores mayoritarios del género humano se encuentran seriamente afectados en el diario vivir (que se entiende como “microeconomía”.

Estos efectos negativos de una economía profundamente inequitativa, se manifiestan en aflicciones sociales que resultan evidentes en el mundo entero: pobrezas, miserias, injusticias de todo tipo, sumisión de países pequeños a naciones industrializadas, endeudamiento generalizado, remuneraciones insuficientes, contaminación ambiental, destrucción de la naturaleza, polución desbordante. Estas son solo algunas de las múltiples falencias de la economía, que pone el énfasis en el crecimiento material en desmedro de la evolución constante e integral de la humanidad en su conjunto.

Sin duda, la economía tiene un rol necesario para el desarrollo y desenvolvimiento personal y colectivo, no obstante, a nuestro juicio, esta actividad será mucho más fructífera y realmente enriquecedora, cuando esta ciencia social sea aplicada en conformidad y unidad a todos aquellos egregios Valores éticos que buscan el bienestar de la totalidad de los seres humanos y no solo de unos pocos.

En efecto, es menester abogar y luchar para que vivamos y habitemos un mundo donde se privilegie, fundamentalmente, la Justicia, la Solidaridad, la Unidad y el Bienestar. Así y solo así podemos hablar de un mundo donde los derechos humanos sea una realidad verdadera.

 “El objetivo de la economía no es la ganancia sino el bienestar de toda la población; el crecimiento económico debe ser un medio para dar vida a sociedades buenas, humanas y justas”. Eric Hobsbawm, historiador británico, siglos 20/21.

*Docencia e investigación en filosofía

Universidad de Chile



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