Opinión

jueves, junio 03, 2021

El legado del Matarife

Algún lamebotas de internet anda divulgando imágenes con el subtítulo “El legado de Álvaro Uribe Vélez”. Todos conocemos bien ese legado. Tras las Convivir y el paramilitarismo que protagonizaron su gobierno, el legado del innombrable es esa idea malsana y enferma de que cualquiera que se sienta “amenazado”, “secuestrado” y hasta “estresado” puede sacar un arma y disparar contra el que le dé la gana. Pero ese legado no es sólo el deseo de salir a matar, sino un Estado que protege a ese delincuente.
El legado del Matarife

Todos hemos visto las imágenes: hombres de civil disparan indiscriminadamente contra los manifestantes, mientras la policía observa tranquila, cuidándolos y dándoles palmaditas en la espalda. Los videos rodaron tanto en internet que ni siquiera los noticieros más gobiernistas pudieron ocultarlos; hasta de la fiscalía hicieron un tímido llamado a declarar al mayor protagonista, el cavernario de Cali cuyo nombre me niego a escribir, y aseguran que iniciaron investigaciones. Si no estuviéramos tan indignados, nos reiríamos. Es muy difícil esperar algo positivo de la fiscalía que se ha negado a investigar la Ñeñepolítica y que defiende al expresidiario y sus cómplices. El que el exembajador Sanclemente siga libre y orondo después de los laboratorios de coca hallados en su finca es sólo una de las pruebas de la permisividad de la fiscalía con los hampones de cuello blanco.

En cambio, como la justicia colombiana, para citar a la hija de un testaferro del Cartel de Medellín, “llora por un solo ojo”, a centenares de muchachos que se manifiestan pacíficamente en el paro los están capturando sin motivo alguno. El caso más notorio es el del músico Álvaro Herrera, apresado de manera ilegal por los mismos civiles armados que se proclaman gente de bien, entregado a la policía, torturado, amenazado con ser desaparecido, falsamente acusado y, afortunadamente, liberado por un equipo de abogados tras la presión de las redes sociales. Sólo esos dos ejemplos, el del músico golpeado y el pistolero protegido, son la radiografía del legado del señor del Ubérrimo: un Estado corrupto que se alía con paramilitares para atentar contra la población civil y convertirla en víctimas y falsos positivos.

Espero que esa “gente de bien” que tanto va a misa y gusta de disparar a personas desarmadas no termine, como en la época de oro de Uribe, jugando fútbol con la cabeza de un inocente.

ÓSCAR PERDOMO GAMBOA


La columna escrita por Óscar Perdomo Gamboa ​ no representa la línea editorial del medio El Cronista.co



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