Opinión

miércoles, junio 02, 2021

El juicio a don Andrés y a los monumentos de Ibagué

El festivo mes de junio inició con un insolente juicio histórico a la cabeza de don Andrés López de Galarza, por el genocidio perpetuo que comenzó hace 500 años. No me he enterado si lo asistió su abogado y biógrafo Álvaro Cuartas Coymat.
El juicio a don  Andrés y a los monumentos de  Ibagué

Por: Víctor Sánchez


El bochornoso suceso nos hace mirar para atrás y escuchar las razones de los jóvenes que lideran el paro nacional y al movimiento indígena que viene tumbando estatuas desde hace varios meses en todo el país.

Varias personas de bien, o de bienes, han rechazado la manera salvaje como los ‘vándalos’ del paro, lo arrancaron de su pedestal y lo arrastraron sin compasión hasta los predios de la Universidad del Tolima, deshonrando su memoria e irrespetando al escultor del monumento Enrique Saldaña.

El hecho de destruir e irrespetar las obras y la falta de garantías para ejercer las actividades de los artistas y cultores de Ibagué, merece un juicio público y lo  expresa en un comunicado el Consejo Municipal de Cultura, el viernes 28 de mayo pasado, preciso, el día en que arrancaron la cabeza del fundador de Ibagué.

Cuando las personas somos agredidas, la primera reacción que experimentamos es la venganza  y ella nos iguala  a quién  nos  ultraja, y al mirar la historia  más reciente, resulta que los monumentos y obras de otros  artistas también han sido vandalizadas, sin juicios públicos  y sin el reclamo ni el repudio de los historiadores  ni de las fuerzas cívicas y gremiales  de la ciudad.

Cuántas personas recuerdan el Monumento a la Música, la obra del ingeniero, dirigente gremial y reconocido artista plástico tolimense, Fernando Devis, destruida  en  el mandato del alcalde Jesús María Botero, para construir el  distribuidor vial y el puente de la carrera Quinta con calle 83. Lo tumbaron  y los despojos de mármol y las tubas de bronce están desaparecidas  desde hace más de nueve años, nadie los reclama  y menos dan razón de ellos.

Un hermoso mural  del maestro  samario, Ricardo Angulo Díaz Granados, que  recordaba nuestras raíces, instalado  en el auditorio de  sesiones de la antigua  Asamblea del Tolima, fue  destrozado sin misericordia, para construir el actual Centro de Convenciones  en el edificio de la Gobernación, en el mandato del  mejor administrador público que ha tenido  Ibagué y el Tolima, don Francisco José Peñaloza Castro. De la entrada de ese mismo  lugar, mandaron arrancar una placa  con el poema  “Camino de la Patria ” de Carlos Castro Saavedra, sin razones  ni  duelo.

De igual manera, no hubo llanto ni expresiones de dolor, ni de rechazo, cuando  en  la casa de la calle 9 entre carreras tercera y cuarta, donde funcionó por varios años la corporación Darío Echandía, un centro  cultural  de exposiciones, reuniones políticas y  sociales, fue  forrado  y tapado para el público,  el mural del maestro Mario Lafont, titulado  “Eros y Tánatos ”. Los actuales   propietarios del predio no responden.

Salta a la vista de todos  y es muy bien recibido, en el sector cultural,  el mantenimiento que le han dado en  días recientes  al monumento a La Bambuquera de la escultora María Victoria Bonilla y  el mural en alto relieve “Sonata “ del artista Pedro Cabrera, ubicados en  significativos espacios públicos de  Ibagué.

Sin embargo, otros murales y obras de arte público, reclaman  de las entidades culturales  y  de la responsabilidad social empresarial,  recursos y acciones para  su respeto, restauración  y digna exposición.

Los murales  del  Centro Comercial Combeima, localizados  uno,  en el antiguo restaurante Punto Rojo y otro a la entrada por la carrera 2ª. de Edilberto Calderón, los murales cerámicos de Arkacentro que realizó también en compañía del pintor Manuel León Cuartas, el mural en el edificio  donde funcionó el Café Grano de Oro, obra del  artista Alberto Soto Jiménez; en fin  obras artísticas que son patrimonio cultural, y  merecen más que un inventario.

Son obras de arte público a las que se les debe  brindar cuidado, respeto y  aprecio, para que no se deterioren o desaparezcan como tantas otras en lugares privados y públicos de donde se han perdido  murales y esculturas, entre ellos  el INEM, el colegio San Simón  y las obras de estudiantes y maestros de la clausurada escuela de  Bellas Artes en  la Universidad del Tolima.

El movimiento social en Paro Nacional, nos  hace  reflexionar, así sea  a las malas. Al  mismo tiempo que sufrimos las incomodidades de los trancones, que  nos impide salir  a comprar, ir al banco, a la oficina  o  a la finca, hay muchas  cosas  de nuestro contrato social que deben  ser transformadas porque incomodan y dañan  las relaciones con nuestros vecinos, con quienes habitamos  y compartimos la calle, el parque o  el andén .

Podemos  imaginar con las muchachas y muchachos que hoy protestan, que son como nuestros hijos o nietos; imágenes  portadoras de propósitos trascendentes, ideas  movilizadoras   capaces de  impartir otros rumbos para canalizar acciones y energías  que  mejoren  la convivencia y hagan más amable y grato  el entorno urbano.

Las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, creada  luego de los Acuerdos de Paz, podrían ser adoptadas en este caso, porque  al igual que las víctimas del conflicto armado, debemos llamar  al esclarecimiento de los hechos, con justicia, y  la garantía de reparación y  no repetición contra las creaciones  de los cultores y artistas de la ciudad, que casi siempre callan, pero ahí están.

* gestor cultural.


La columna escrita por Víctor Sánchez no representa la línea editorial del medio El Cronista.co



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