Opinión

jueves, abril 01, 2021

El Entusiasmo

Todo resulta mucho mejor, cuando estamos lo suficientemente motivados para realizar acciones, fomentar sueños y hacerlos realidad.
El Entusiasmo

Por Juan Bautista Pasten G.


Por lo pronto, respecto a la etimología del concepto, diremos que es un sustantivo compuesto que proviene del antiguo griego, “enthoussiasmós”, formado por la preposición “en” y la palabra “ theós” ( dios), es decir, puede definirse como un dios que entra en nosotros y nos impulsa  a actuar con ánimo y buena disposición ( vivir en armonía con dios). El entusiasmo, así concebido, es característico de los profetas, los sabios, los artistas y los enamorados.

Hoy, nos abocaremos a esta emoción/sentimiento: el entusiasmo, el cual no puede sino emanar de lo más profundo de nuestro ser (tal vez, de la desconocida alma). Esta facultad anímica insta a mantenernos activos, con la certeza de que todos nuestros afanes e intereses serán, finalmente, consolidados.

Efectivamente, la etimología del termino “entusiasmo “(en dios o en unidad con dios), ya posibilita darnos cuenta del amplio y trascendente alcance de esta actitud. Una persona entusiasta es un ser motivado, perseverante, resiliente ante las adversidades, que se siente a gusto y ama lo que hace, que tiene claridad acerca de sus objetivos, por lejanos que asomen o parezcan. Un entusiasta es un sujeto que se sabe capaz de desarrollar y lograr lo que anhela y persigue.

Además, el entusiasmo permite poner en movimiento nuestros ideales, otorga contenido y bríos a nuestros sueños, junto con potenciarnos física, emocional y mentalmente. Una persona entusiasta tiene “ganas” de vivir, valora su existencia, tiene un sentido positivo de la vida y, por lo mismo, ejerce adecuada influencia en todos quienes le circundan.

Ahora bien, ser una persona entusiasta, no significa estar ajeno a las dificultades y problemáticas propias del quehacer humano: enfermedades, accidentes, desequilibrios emocionales, perdidas de personas cercanas, desilusiones amorosas, así como a cometer errores y faltas hacia los demás. El entusiasta es una persona como todas, expuesta a los múltiples avatares del vivir, la diferencia radica en la visión y conducta con que se enfrenta a ellos.

El entusiasta, en efecto, no rehúye tales eventos negativos ni tampoco es abatido por ellos. Una persona entusiasta asume las falencias y problemas del diario vivir, pero no queda a merced de ellos, sino que siente, intrínsecamente, la ocasión y la necesidad de superarlos.

Por cierto, al estar activos, permanentemente activos, con ingente energía positiva, posibilitan que el entusiasta esté siempre alerta y abierto a la posibilidad de generar soluciones, de construir nuevos derroteros e, incluso, de descubrir instancias de “redención “e iluminación interior a todo cuanto pueda, circunstancialmente, afectarle. La creatividad es inherente al entusiasmo. De igual manera, los seres entusiastas pueden transformarse en refugio, gestores y paladines para personas que adolecen de tan sublime cualidad.

Sin duda, el entusiasmo constituye un sentimiento beneficioso para todos los seres humanos, pues entrega positividad a la existencia, da sentido optimista a la siempre complicada tarea de vivir. En un mundo plagado de malestares, injusticias y tristezas, el hombre y la mujer entusiastas representan fuentes de potenciamiento, así como faros que encienden la luz de la esperanza.

Ciertamente, debemos ser objetivos. El entusiasmo no significa, necesariamente, que obtendremos todo cuanto queremos y deseamos en esta vida; no obstante, mientras habitemos este lugar, sí estaremos ciertos de que nuestro paso por este planeta no será en vano.

¡Es imprescindible vivir con amor, alegría, paz y libertad, cualidades substanciales que caracterizan a la pléyade de seres entusiastas!

“Los primeros frutos del Espíritu, son el amor, el gozo y la paz”. Pablo de Tarso

“No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira y tiende siempre hacia la altura”. Rubén Darío, poeta nicaragüense.

“Hay una magia real en el entusiasmo. En él se manifiesta la diferencia entre la mediocridad y la grandeza”. Norman V. Peal, pensador estadounidense.


  • Docencia e investigación en filosofía

                Universidad de Chile



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