Opinión

lunes, enero 11, 2021

Democracia sin ideas, democracia sin conciencia

El informe más reciente cataloga a Colombia como una democracia imperfecta y la ubica en el puesto número 50 del ranking, por debajo de países cercanos como Chile, Argentina, Panamá, Uruguay y Brasil.
Democracia sin ideas, democracia sin conciencia

Por: Juan Sebastián Amézquita Calderón 

Se puede decir que en esencia, la democracia es el ejercicio mediante el cual las sociedades eligen a sus dirigentes. Así fue planteada desde la vieja Atenas y en la actualidad es una forma de organización del estado adoptada por al menos 114 países en el mundo según la última actualización del Índice de Democracia publicado por la revista inglesa “The Economist”, la cual desde el año 2006 viene haciendo seguimiento a 167 de los 194 estados soberanos reconocidos por la ONU.

En este estudio, el semanario británico ha generado cuatro categorías entre las cuales se encuentran: Democracia plena, democracia imperfecta, régimen híbrido, régimen autoritario. Para ubicar a cada país en una de estas, fueron tomados en cuenta diversos criterios como: Proceso electoral, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política. El informe más reciente cataloga a Colombia como una democracia imperfecta y la ubica en el puesto número 50 del ranking, por debajo de países cercanos como Chile, Argentina, Panamá, Uruguay  y Brasil. Es válido recordar que algunos de estos sufrieron en diferentes momentos de la historia dictaduras militares y se enfrentaron a complejos procesos de transición a la democracia.

Por supuesto, los primeros lugares de esta lista lo ocupan Noruega, Islandia, Suecia y Nueva Zelanda los cuales han logrado junto a otro buen número de países a nivel global la construcción de sociedades más justas, prosperas y equilibradas gracias a que sus sistemas políticos se destacan por su amplia inversión en el gasto público, sistemas de salud eficientes, economías sostenibles e indiferentes porcentajes de corrupción al interior de la administración pública, entre otras cualidades como que durante los periodos de elecciones alejados del populismo los candidatos ofrecen propuestas claras y enfoques serios sobre lo que harán en el ejercicio del poder.

Volviendo a nuestros asuntos, se puede observar que la regular ubicación que se le ha dado a nuestro país en este informe no dista con la realidad que podemos percibir quienes vivimos en él. Si bien el proceso electoral en Colombia permite que la ciudadanía acuda a las urnas para decidir el futuro político de la república, la baja calidad de esta democracia es evidente. Uno de los diversos motivos por los cuales nuestra democracia está presentando verdaderas señales de deterioro, es el elemento ideológico, el país sufre una clara ausencia de ideas en el ejercicio de la política.

A través de los años hemos podido apreciar que quienes forman parte de la mecánica del poder ganan elecciones con discursos cada vez más insulsos, carentes de contenido y con argumentos populistas que no reflejan por ningún lado una clara visión de sociedad o hacia dónde va esta, o unas estrategias de trabajo que estén verdaderamente enfocadas a mejorar la calidad de vida de las personas, a generar progreso económico y garantizar los derechos constitucionales de todas y todos. Este fenómeno se replica desde lo local hasta lo nacional y está generando resultados muy desfavorables en lo que tiene que ver con la dignidad humana y el desarrollo de la economía.

Las elecciones del 2018 fueron un claro ejemplo de esto, algo más de 10 millones de colombianos se decantaron por la propuesta del Uribismo que en realidad no fue propuesta sino más bien un conjunto de frases trasladadas a la teatralidad que se fundamentaron en reproducir el miedo y desestimar la imagen de los oponentes, pero que jamás planteó una idea clara de país. En lugar de eso la ciudadanía eligió un Iván Duque de acento paisa, que tocaba la guitarra, que cantaba, que presumía conocer la talla de zapatos de su jefe político y que jugaba a la pelota en la televisión, pero que jamás ganó un debate si es que no huía de ellos. Ese conjunto de espectáculos con la gigantesca ayuda de los grupos económicos que motivaron la compra de votos por todo el país fue lo que le permitió a Álvaro Uribe poner presidente nuevamente, un presiente que está dirigiendo a este barco con rumbo al naufragio.

Con un poco más de dos años en el poder, Duque está demostrando que esa falta de ideas, esa falta de propuesta y esa falta de independencia tienen a Colombia en una verdadera crisis humanitaria. El pasado 2020 al desempleo, a la pobreza multidimensional, al asesinato sistemático de personajes que defienden la paz, a la descomposición de nuestra sociedad, se le sumó el pésimo manejo administrativo a la peor pandemia en siglos que hoy ha cobrado la vida de casi 47.000 personas, con casos activos que se acercan a los 1.800.000 contagiados que hoy tienen los hospitales a reventar en casi todo el país y que evidentemente colapsaron por completo el mal logrado sistema de salud del gobierno nacional. Una verdad que los medios de mayor difusión tergiversan o con silencio cómplice nos ocultan.

Es por este motivo y muchos más que como ciudadanía debemos hacer el gran esfuerzo de ser conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor y lo que pasa con nosotros mismos, si queremos orden en nuestros asuntos personales no podemos ser indiferentes con lo que pasa afuera ni con lo que le pasa al otro, debemos informarnos e informar a los demás con responsabilidad, debemos recuperar el valor de la política con los principios ideológicos de libertad y derechos que la fundaron. Ese es una de las primeras cosas que debemos hacer, el camino de la conciencia social nos permitirá la construcción de un país más humano y con una democracia mejor lograda.



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