Editoriales

jueves, marzo 19, 2020

Medidas draconianas y el ego de los gobernantes por combatir el virus

El enfrentamiento abierto entre el gobierno nacional y el gobernador Orozco, por el manejo de la crisis del Covid-19, es la muestra palmaria de los egos que mueven las decisiones del gobierno central donde pareciera que no importa la vida de las personas.
Medidas draconianas y el ego de los gobernantes por combatir el virus

Solo faltaba la desautorización del gobierno nacional a gobernadores y alcaldes para decretar medidas de orden público para controlar la pandemia del coronavirus,  que deja de por medio en juego la vida de las personas que puedan salir afectadas por este virus. 

Es una muestra de egos de los gobernantes, donde solo importa su figuración en los titulares de prensa, mientras se pone en riesgo la vida de pacientes y de toda una población, y en eso, es experto el jefe del gobierno nacional, sino miremos lo que queda del proceso de paz y los cientos de muertos que ha costado. Solo por imponer el criterio unipersonal, incluso la ideología de un movimiento de ultraderecha, al parecer es lo mismo que está sucediendo con el coronavirus. 

Aquí, la situación que vivimos con la pandemia, en lugar de buscar lugares y acuerdos comunes para enfrentar unificadamente la crisis, resulta que el poder central para imponer su carga de arrogancia sobre las regiones, desconoce unas medidas que, aunque draconianas, son necesarias para enfrentar tan calamitoso escenario que vivimos.

Por severas e impopulares que parezcan las medidas tomadas por las autoridades del Tolima e Ibagué para ayudar a evitar la expansión del  Covid-19, son necesarias y los ciudadanos deben ser concientes del grave momento que pasamos y de hecho han recibido respaldo. 

En nuestro entender, el problema que tenemos no es de egos sino que atañe al sistema de salud colombiano diseñado en la ley 100, que no toma a la salud como un servicio público fundamental sino como un negocio de particulares, y en la medida que el paciente tenga dinero posiblemente se salve, de lo contrario tendrá que acudir a la red pública hospitalaria que no cuenta con la estructura para atender una calamidad como la que hoy enfrenta Colombia.

Mientras otros países son ejemplo de eficiencia, donde se privilegia la vida a las ganancias, aquí parece que el presidente Duque está más preocupado por salvar a los grupos económicos poderosos, que en salvar vidas. 

El sistema hospitalario nuestro, según especialistas, no cuenta con suficientes camas de cuidados intensivos con equipos especiales de respiración, oxígeno y la técnica necesaria para atender una emergencia de esta magnitud. Ojalá la Divina Providencia esté de nuestro lado y la situación que comenzamos a vivir no pase a mayores. 

La experiencia que existe hasta el momento para el manejo de la pandemia nos muestra que hay dos medidas fundamentales para enfrentarlo: el aislamiento social, la confinación en las casas y la capacidad hospitalaria, sin desconocer desde luego,  otras medidas marginales y paliativas como el lavado de manos, el tapabocas, suprimir saludos de manos y besos y todo lo demás.   

La crisis que se vive si bien no es para morirnos del pánico más que del coronavirus, si es para pensar que afecta al aparato productivo y por ende a toda la economía, las finanzas y, en general,  al sistema capitalista que nos rige, y por lo tanto, todos llevamos del bulto porque de una u otra manera formamos parte del mismo engranaje.  

Nos asalta el temor que el presidente Duque, quiere sobresalir solo en este momento crucial de nuestra historia, en la búsqueda de una figuración que le ha sido esquiva por lo liviano de su gobierno y las medidas desacertadas que ha tomado en otros problemas de menos trascendencia que el coronavirus.

Para citar tres, el paro nacional, su política social y económica y el trato bilateral con Venezuela, donde reconoce a un  autoproclamado 'presidente' que no tiene ningún poder real ni siquiera simbólico, lo que lo ha convertido, al menos en un presidente despistado que se preocupa más por Guaidó que por el propio rancho que lo tiene ardiendo. 

Pero también a nivel local y regional se presentan algunos problemas, sobre todo en la unificación del lenguaje para enviar un mensaje claros no confusos. Ejemplo de ello, es la proyección ligera e hipotética que hizo el alcalde de Ibagué  Andrés Hurtado, de los 400 mil infectados y los 35 mil muertos en la capital del Tolima, en caso que no se atendiera debidamente la pandemia del coronavirus, basado en estadísticas de la OMS (Organización Mundial de la Salud), según lo ha aclarado por el propio mandatario. 

Declaraciones de las que se aprovecharon algunos medios para especular y sacar réditos mediáticos.

En el fondo el problema no son estas declaraciones, sino la forma de cómo está preparada la ciudad y el departamento para afrontar la emergencia y la respuesta que se dará cuando se incrementen los casos y se ponga a prueba todo lo que se ha hablado, si los protocolos que se tienen funcionan, si los recursos que se han dispuesto son suficientes, en fin, una serie de factores donde también van implícitas cuestiones como transmitir un mensaje claro, concreto que no deje dudas. 

Pensamos que el gobierno departamental y municipal deben unificar el mensaje y así evitar malas interpretaciones, sobre todo en un tema de salud que requiere seriedad y responsabilidad.


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