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miércoles, junio 09, 2021

Vuelve el grupúsculo de los capuchos a empañar la protesta

EDITORIAL. En acto repudiable y rechazable desde todo punto de vista, el grupúsculo de encapuchados, supuestamente estudiantes de la Universidad del Tolima, regresaron con sus actos vandálicos a quemar y desvalijar busetas en los alrededores del campus universitario.
Vuelve el grupúsculo de los capuchos a empañar la protesta

Otra vez tenemos que consignar nuestro rechazo y repudio a los actos bárbaros de un reducido grupo de encapuchados, que presuntamente estudian en la Universidad del Tolima, por haber incendiado unas busetas en los alrededores del centro universitario y puesto en riesgo no solo a pasajeros sino a los habitantes del barrio Santa Elena.

Pero esta acción, va más allá del anarquismo y de la provocación, que busca desprestigiar y causar daños y deslegitimar al movimiento de masas que desde el pasado 28 de abril, tiene al pueblo en las calles protestando contra el régimen autoritario y neofascista uribista de Iván Duque.

Estos actos de grupúsculos radicales, que rayan con la delincuencia, alejados de la lucha de masas, perjudican enormemente a los movimientos reivindicativos y la protesta social que desarrollan centrales obreras, el movimiento estudiantil y los movimientos sociales.

Consideramos que estas acciones vandálicas no obedecen a ninguna consigna política de quienes dirigen este movimiento del paro nacional, sino a personas con intereses oscuros que tratan de infiltrarse para hacerle daño.

En una nota anterior, publicada en este portal el 23 de enero del 2020, decíamos que: “Infortunadamente, este tipo de perversas acciones es histórica en la lucha de los pueblos; desde la revolución rusa, Lenin advertía ya sobre el atentado personal o las acciones anárquicas de los desesperados y aventureros grupúsculos que consideraban que con acciones aisladas de las masas, iban a triunfar, cuando en realidad daban instrumentos a la reacción para implementar la represión y la persecución contra obreros, estudiantes y campesinos”.

Con los actos de asalto y quema de busetas la noche anterior en los alrededores de la UT, pareciera que aquella historia poco ha cambiado y que continúan los mismos métodos violentos y censurables desde todo punto de vista.

Precisamente la nota que escribimos no ha perdido vigencia, en aquel momento rechazamos la actitud de un loco encapuchado acabando a piedra con los vitrales de la iglesia de Santa Elena.

Esta lamentable situación, protagonizada por grupos anarquistas, por las disidencias de uno u otro grupo armado, o por delincuentes comunes, merece todo el rechazo, porque en la práctica se constituye en un atentado contra el movimiento de protesta que se viene desarrollando desde hace más de un mes, al ofrecer armas a sus enemigos para desprestigiarlo y deslegitimarlo.  



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