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miércoles, octubre 14, 2020

El descabezamiento de estatuas coloniales llega a Ibagué

Aunque ya restaurada la estatua de Andrés López de Galarza, fundador de Ibagué, hace 470 años, de los daños causados por manifestantes, no cierra las heridas que desde hace años persisten contra ciertos personajes de la historia considerados esclavistas, colonialistas o genocidas. Por: Humberto Leyton
El descabezamiento de estatuas coloniales llega a Ibagué

Aunque borrar el pasado no cambie el presente, persiste el derribo y destrucción de símbolos que representan intereses cuestionables de una era social determinada, no es nuevo ni en Europa ni en América.

 Son elementos de poder político, económico y cultural establecidos con el fin de permanecer en la memoria de los ciudadanos el sistema que quiere perpetuar, en este caso, el coloniaje español. 

En contravía a esta mentalidad o actitud política, surgen las protestas que intentan subvertir estos valores y contrarrestar las acciones de poder entre quienes han detentado privilegios desde hace más de dos siglos cuando llegaron La Pinta, La Niña y La Santamaría, que con sus bucaneros a sangre, fuego y camándulas, acabaron con pueblos indígenas, se llevaron el oro y dejaron sus males. 

Desde esta perspectiva, se debe entender lo sucedido con el monumento de Andrés López de Galarza, un conquistador, amigo y parcero de Sebastián de Belarcázar, cuya estatua fue derribada recientemente por los indígenas Nasa y Pijao de Popayán, al considerarlo un  genocida de su raza.

 López de Galarza era de su misma estirpe y también su monumento ha sido afectado en otras ocasiones.
Este  es un cuento contemporáneo diferente a los primeros textos que nos enseñaban en la escuela pública hace muchos años.

 La nueva historia con elementos científicos cuestiona la narrativa que escribían únicamente los vencedores y,  desde el análisis dialéctico, nos refleja los cambios a través de las luchas y movimientos sociales que transforman el statu quo imperante, que nos obliga a pensar y a revaluar anecdotarios arcaicos a  crear nuevas realidades y a "no tragar entero", como dijera el Cofrade Palacio Rudas. 

Pero la situación es compleja. Hay que entender la historia en su contexto, y no solo concebir que el movimiento es dirigido por socialistas, comunistas o marxistas, también han caído estatuas como la de Lenin, Stalin y Ceausescu, Lincoln, entre otros.

Las protestas antirracistas tras el asesinato de George Floyd a manos de un policía en Mineápolis, han incrementado el derribo de esculturas de personajes históricos como Colón y Edward Colston, se extienden por todo el mundo caen monumentos tanto de rojos como o de azules. 

Por eso, tratar de encasillar estos movimientos en determinada corriente política puede ser un error. En la mayoría de los casos obedecen a manifestaciones colectivas y espontáneas de los manifestantes como una reacción al inmodificable estado de cosas que enfrenta la sociedad o los pueblos como tal. 

Pareciera ser más el levantamiento de un estado de ánimo contra las injusticias que algo debidamente planificado. 
Además, se pudiera pensar que borrar huellas del pasado derribando o destruyendo monumentos, es algo más que ingenuo. Esto no garantiza que se reforme el presente; de hecho, la situación no ha cambiado en nada en los lugares donde se han registrado estos acontecimientos. 

Debemos entender que si bien las estatuas representan un pasado, este no es permanente,  hoy, los movimientos sociales y ciudadanías pueden tener motivos suficientes para asignarles otros significados distintos al pasado colonial e esclavista. 

Esto nos hace pensar, que el gobierno municipal de Ibagué está fuera de foco cuando anuncia abrir investigaciones contra los "vándalos" de los daños al monumento de Andrés López de Galarza, olvidando que hace unos días sucedió lo mismo en Popayán con Belarcázar, que el gobierno ofreció incluso hasta recompensa por los responsables del acto,  y de inmediato, las redes sociales con fotografías, direcciones y datos generales se llenaron de responsables.

Aquí en Ibagué sucederá lo mismo. Los responsables son un colectivo interinado de organizaciones sociales y ciudadanos, que tendrán que llenar las cáceles y el estadio Manuel Murillo Toro quién sabe cuántas veces.

No sabemos si la Administración Municipal que tiene tantos problemas para atender, se vaya a dedicar a buscar responsables de un hecho que pertenece a una idea o pensamiento colectivo de millones de personas.



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