Opinión

lunes, febrero 10, 2020

Cinismo, indecencia y desfachatez

La actitud asumida por el alcalde del Líbano de mantener en el cargo al secretario de Planeación que violó, irrespetó y maltrató a la autoridad que él mismo juró defender, podría ser la señal evidente del oscuro panorama que le espera a este municipio en el cuatrienio que recién empieza. Por Henry Rengifo
Cinismo, indecencia y desfachatez

Si hubo una posición sensata frente al bochornoso y vergonzoso suceso de abuso de poder por parte de un alto funcionario de la alcaldía del Líbano el pasado domingo 2 de febrero, es la del comandante de la Policía del Tolima, coronel Rodolfo Carrero Villamil.

La frase del alto oficial es por demás reflexiva, “Lo mínimo que debe hacer el alcalde Jesús Antonio Giraldo como jefe de la Policía, es retirar del cargo a este funcionario, que no es digno de estar en un cargo que representa atención a los usuarios”.

Por los antecedentes y forma de actuar del señor Alcalde del Líbano, toda recomendación como la del coronel Carrero u otras que puedan venir en el futuro por el bien del municipio, nunca las va a tener en cuenta. 

Basta leer el juicioso trabajo de investigación que hizo el periodista Óscar Fernando Murillo Mojica titulado, “Los malos manejos de ‘Toño’ Giraldo en el Líbano Tolima”, para confirmar que los cuatro años de este gobierno a la mayoría de libanenses, les van a saber amargos.      

Por esos deplorables antecedentes que asedian al alcalde Giraldo era imposible que acogiera la pertinente sugerencia del comandante de la Policía del Tolima. El Alcalde prefirió resguardarse en su pasado lleno de cinismo, indecencia y desfachatez a la hora de ganar campañas y gobernar. 

También seguramente se escudó en los mensajes de apoyo que recibió de alguno que otro despistado seguidor. Mensajes, por supuesto, alimentados por una alta dosis de ignorancia y condición genuflexa. Leer mensajes de docentes que salieron a defender ese mal proceder, sin duda deja una profunda desazón.

No podemos alejarnos y menos zafarnos tan fácil de esa perfidia constante de una sociedad que se acostumbró sin reparo alguno a defender al contraventor, y de premio a enaltecerlo con halagos y exaltaciones, mientras los buenos acaban en la deshonra de la picota pública.

Casos como este ocurrido en el Líbano por un funcionario desvergonzado, se repiten a diario en el país, donde la ‘cultura del vivo’ es la que se convierte en referente de éxito. No importa violar la ley. Quién me impide vender licor a menores de edad si para eso tengo el poder y el poder es para hacerlo valer, podría ser la singular sentencia puesta en práctica por el funcionario de marras.  

Ciertamente este lamentable hecho que se da en el arranque del gobierno hace que se traiga a colación el dicho popular que por el desayuno se sabrá cómo va a ser el almuerzo. Pobre Líbano.

Adenda. Gran tarea tiene el Concejo Municipal del Líbano en estos cuatro años. De entrada, ya debe estar listo el debate de control político sobre lo ocurrido en la madrugada del 2 de febrero. Ya debe estar alistándose para ponerle cuidado a que se avecinan vientos privatizadores.  

  • Ex jefe de redacción de Tolima 7 días

  • Autor del libro ‘Las claves de los buenos alcaldes 



También te puede gustar...