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jueves, agosto 27, 2020

Importa la obra, no quien la haga

La época de las placas y monumentos conmemorativos ya pasó. Eran tiempos de los llamados "auxilios parlamentarios", caja menor del político de turno con recursos del Estado. Por: Carlos Alberto Estefan Upegui
Importa la obra, no quien la haga

Es común entre quienes realizan una obra en el sector público, salir a reclamar el aplauso del público y así justificar su paso por determinado cargo. Peor aún, cuando buscan réditos económicos a título personal, que igualmente los hay inescrupulosos que se lucran de la política.

También hay conflicto cuando quien corta la cinta es uno distinto a su autor. Veamos: 
Una obra requiere varias etapas que van desde concebir la idea, hacer los estudios previos, elaborar el proyecto y presupuestarlo, financiarlo, licitarlo y consecuente adjudicarlo hasta su ejecución total, lapso dentro del cual es factible transcurran varias administraciones. Proceso que debe asimilarse sin egoísmos y entenderse como el resultando de una labor integral de varias áreas y disciplinas del sector público, cuyas competencias están claramente definidas y reglamentadas. 

No obstante, hay quienes retrasan u obstaculizan su ejecución, solo por haberse iniciado en una administración diferente de la suya. Cabe señalar entonces, tratándose de recursos públicos, que estos son de los contribuyentes a quienes desde el punto de vista práctico lo que les importa es la obra, independiente de quién la haya hecho. 

La época de las placas y monumentos conmemorativos ya pasó. Eran tiempos de los llamados "auxilios parlamentarios", caja menor del político de turno con recursos del Estado; algunos de los cuales se invirtieron bien, otros no. Hoy, dentro del marco de la administración participativa, existe un mayor seguimiento y control, debiéndose cumplir con rigurosas normas de contratación y de veeduría ciudadana; además de tener que estar incluida en el plan de desarrollo. 

Entre tanto, todavía hay mandatarios que se disgustan reclamándolas como propias. El Túnel de Oriente en Antioquia, por ejemplo, fueron varios quienes salieron a reclamarlo como suyo. Ahora, imagínense lo que puede pasar con el Túnel de La Línea del que se ha venido hablando desde hace cerca de 90 años. El Puente Pumarejo en Barranquilla es otro caso palpable, pues si bien es cierto fue construido inicialmente en la administración de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), ahora se hizo uno nuevo en la administración Santos pero lo inauguró el Presidente Duque hace poco, entre otras obras más. 

Y para no ir muy lejos, en Ibagué pasa algo igual; el Sistema Integrado de Transporte, ni se ha hecho y ya se discute sobre su autoría. Qué no podría decirse sobre todas las obras inconclusas de los escenarios deportivos malogradas por la deshonestidad, la codicia y la mala fe de quienes en su momento debieron realizarlas. 

Nadie puede entonces, atribuirse méritos exclusivos por esfuerzos compartidos, pero menos se les puede otorgar reconocimiento alguno a quienes pudiéndolo hacer bien, lo hicieron mal o dejaron de hacerlo. Lo que sucede es que políticamente esos reconocimientos se traducen en votos y es ahí donde el protagonismo y la vanidad afloran. Lo importante es una labor discreta llevada a cabo con honestidad. Desafortunadamente el espectáculo trae un plus de votos muchas veces para quienes no los merecen.

Por:  Carlos Alberto Estefan Upegui ,Exgobernador del Tolima.



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