Opinión

sábado, febrero 06, 2021

De los "Amores criminales"

Las 10 Historias de crímenes cometidos por amor, recogidos, con evidente acierto, en el libro de De la Espriella, se pueden leer, en deliberado desorden, y en ese recorrido caprichoso, van atropellando y atrapando la visión del lector alerta.
De los "Amores criminales"

Meditación en voz alta


La realidad y la imaginación se cruzan, en alto vuelo, como águilas inquietas en el firmamento de las letras, en los sorprendentes relatos escritos por nuestro admirado amigo Abelardo de la Espriella, en su fascinante narrativa de suspenso multiplicado y seductor.

En instantes, un relato breve parece superar al anterior, y volcarse en una tempestad sobre el siguiente. El lenguaje es tan sencillo, como pudieran ser las hazañas de las que cotidianamente nos dan cuenta la televisión, la radio y los escasos medios escritos, que sobreviven a la insoportable red virtual.

El autor juega, deliciosamente, con sus experiencias de abogado defensor, conocedor, por esto mismo, hasta del más íntimo, escondido y secreto rincón de la condición de los humanos.

Su libro es, por ello, una refinada y agradable caja de sorpresas que utiliza mecanismos tan sutiles, y hasta exóticos, de "intriga hipnotizarte", ésta que ha hecho tan famosa la célebre novelista madrileña Rosa Montero, técnica, que según la crítica española, ha conquistado una singular perfección en su última obra “La Buena Suerte".

En los relatos de "Amores Prohibidos", conviven, con destreza, tristeza y alegría, odio y amor, incertidumbre y confianza, sufrimiento, pasiones desatadas, sentimientos de venganza, contenidos, y deliberados, y finalmente cometidos, en las cimas oscuras de la desesperación, como diría E.M. Cioran, en el acto último de una locura desafiante de celos y amores frustrados.


Las 10 Historias de crímenes cometidos por amor, recogidos, con evidente acierto, en el libro de De la Espriella, se pueden leer, en deliberado desorden, y en ese recorrido caprichoso, van atropellando y atrapando la visión del lector alerta.


Es un viaje similar al que realiza quien por primera vez llega a París, y en cada calle, hasta la más pérdida, se encuentra con un tesoro de belleza escondida que lo ilumina y lo deja perplejo y atónito.

En cada paso de su lectura se multiplica la ansiedad por conocer el final desenlace de la interesante e incitadora trama. La que el autor tejió con pericia, exponiendo el sentimiento trágico de la vida, diría Unamuno, del alma extraviada, de los personajes, en los insondables vericuetos del crimen, la muerte y la sangre derramada.

La inquietud lectora va creciendo y los ojos del inquieto lector, no experimentan fatiga, ni cansancio. Los impulsa el deseo ferviente de llegar a la cima, como los alpinistas, en pos de las altas cumbres, éstas despejadas y serenas, no como las del libro de De La Espriella, borrascosas como las de Emily Bronte.

En EL DESEO, la huella rebelde, independiente, contestataria, insular de una tía provinciana, marca la vida, y el destino final de una abogada, sobrina suya, defensora de oficio, que se ufana de haber conocido "la dimensión más oscura de la naturaleza humana", y que en el inesperado final sentencia, que luego de la defensa de un caso en el cual creyó encontrar aristas de su propia realidad, sintió hartazgo de su profesión, y sentenció: "este será el último caso que defienda como abogada de oficio".

Los celos, una de las pasiones determinantes y complejas de los seres humanos, trajinada y recorrida, a través de la historia de la literatura universal y colombiana, en el  largo camino de la civilización, los idiomas, y los siglos, aparecen, también, en "Los Amores Criminales", especialmente, en el relato "Puedes entregar tu cuerpo, pero no tu corazón".

En él, Carlos Salim y Andrea Salcedo, envueltos en una tormenta de infidelidades, aventuras sexuales, insólitas y extravagantes, luego de experimentar el arrepentimiento, la soledad y el estéril desierto del hastío, ante una imposible reconciliación, terminan en el desvarío final del asesinato y el suicidio, como puerta de escape a su enfermiza pasión frustrada.


"Quien creyera que leyendo páginas retadoras del libro de la autora argentina de poesía y ficción, de penúltima moda Tamara Tenenbaun, “El fin del Amor"; “Amar y follar en el Siglo XXI", hallo ciertas coincidencias, en temas atrevidos de sexo, con los singulares relatos de De La Espriella"

Una cena de Año Nuevo fue el escenario propicio para sepultar un amor puro que se volvió desgraciado,  y en su clímax, absolutamente criminal.

Es uno de los relatos más incisivos, fuertes, delirantes, y por esto mismo atrayentes del libro que venimos reseñando, como quiso amablemente su autor que lo hiciéramos.

La muerte exhibe, con su rostro gris, el imperio a través de la pluma del autor. Es inevitable, tratándose de "Amores Criminales", donde pasiones incontenibles, encuentran su nicho y su albergue. Las más pervertidas, por el fuego encendido del odio, que sustituye al amor temprano, o el amor fugaz, que pretende, como en la letra de los inmortales boleros cubanos o mexicanos, darle dulzura al sabor amargo del fracaso amatorio. El bolero amaina, exagera o empuja la inevitable tragedia, pero suele ser, en cualquier circunstancia y compañía, como lo dijo, con deslumbrante sabiduría Caribe, nuestro magistral amigo Alejandro Obregón: “que seco sería el amor sin la complicidad de un bolero". Sentencia tan gráfica, como cualquiera de los murales majestuosos de este genio de la pintura, cargados de intensos azules, rojos, verdes y amarillos, colores hallados en el fondo maravilloso de la naturaleza y la geografía caribeña.

La misma que con su estilo peculiar, exalta con amor cálido, nuestro hombre de raíces colombianas e italianas, bien arraigadas en su talante especial, donde la valentía es su formidable escudo para decir cuánto le dicta su brillante y juvenil talento independiente, en el momento en que le dé su gana, “Gana de mi libre gana", como dijo el poeta cubano Guillen, cuando "el sol abraza”. Y Abelardo enciende ese mismo sol, que lleva en su sangre, para expresar sus diatribas, sus polémicas columnas, o escribir serenamente sus relatos, en un atardecer en Puerto Colombia, o con el sol de los venados frente al mar inmenso en Cartagena de Indias o en Coveñas, haciendo palpitar su orgullosa y altiva sangre Caribe.


Sólo en el oficio de lector y escritor, al que he dedicado, desde mi juventud, todas las energías intelectuales de mi espíritu, y que lejos de otras inquietudes ingratas, es ahora, mi único refugio, en el inevitable y sereno otoño de la existencia, logro encontrar ciertas similitudes en medio de tantos autores y libros nuevos para los cuales, faltará tiempo, por nuestra inclinación a regresar a la relectura de textos clásicos y predilectos de todas las culturas y de todos los tiempos del humano saber.


Quien creyera que leyendo páginas retadoras del libro de la autora argentina de poesía y ficción, de penúltima moda Tamara Tenenbaun, “El fin del Amor"; “Amar y follar en el Siglo XXI", hallo ciertas coincidencias, en temas atrevidos de sexo, con los singulares relatos de De La Espriella.

El sometimiento abusivo al que eran condenas las adolescentes judías, hasta extremos de violencia, solo leídos antes en la historia de la Colonial Inquisición, tienen evidente parecido y fuerza, en la vida conventual a la que sometió, con terrible machismo a sus hijas, Hilario Castro, el personaje central del relato Las Hermanas Castro. Este tozudo agricultor, quien por consejo del bisabuelo, que él creyó ver en un episodio en las tinieblas del sonambulismo, quedó luego convertido, como un relámpago en sembrador   obstinado de una yerba desconocida y extraña llamada "cunajuero".

Desafiando la agricultura tradicional el terco Hilario entregó toda su fortuna y energías a cultivar, con extensión inusitada, esa planta supuestamente milagrosa que, según el relato "Subía las defensas, bajaba la tensión, y mantenía estable el ritmo cardiaco. Limpiaba el hígado, y según lo necesitara el enfermo, diluía la sangre o la volvía más espesa, y también era un excelente remedio para la depresión".

En síntesis, la maleza de don Hilario en su predio Caribe, sería más redentora que la penicilina cuando la descubrió la ciencia. Sería la medicina milagrosa para todos los males de la humanidad agobiada y doliente, como rezaban en esas calurosas sabanas en los villancicos decembrinos.


"La que el autor tejió con pericia, exponiendo el sentimiento trágico de la vida, diría Unamuno, del alma extraviada, de los personajes, en los insondables vericuetos del crimen, la muerte y la sangre derramada."

Mientras don Hilario hacía llegar al deleite supremo del placer en la cama a doña Clementina, su esposa, en los potreros crecía exponencialmente el prodigioso "cunajuero",  y don Hilario sometía como dictador machista a sus hijas, al ayuno sexual a la espera de "jóvenes bien partidos” de la región y hasta de gringos que llegaron detrás de su tesoro medicinal. Este régimen tiránico con sus hijas, es el mismo que con fuerza y primor de rebelde desafío literario muestra la argentina Tamara Tenenbaun, en su libro ya mencionado, publicado con éxito desconcertante por la reconocida editorial Seix Barral, el cual lleva 10 ediciones, ya todas agotadas, y que está circulando profusamente en la red digital.

En otros relatos del libro de De la Espriella, serpentea el genuino sabor Caribe, como en la obra de Carrasquilla, la montaña antioqueña, o en el libro de Nicanor Velásquez Ortiz, donde palpita la entraña viva del río y la pampa del gran Tolima. Palabras, dichos, costumbres, paisajes, leyendas, misterios y fantasmagorías del patrimonio cultural y folclórico de esa espléndida, hermosa y pletórica región de Colombia.

Prefiero no adentrarme más, con atrevimiento e inquietud, en las páginas de "Amores Criminales". Esa debe ser la acuciosa tarea de los futuros lectores.

Lejos de la tentación de políticas electorales, pero venturosamente cerca del análisis juicioso de las grandes cuestiones de interés para Colombia, Abelardo de la Espriella es un hombre seguro de sus fines y de sus caminos.

Su personalidad que enciende, parejamente admiraciones y odios, cada vez que habla o escribe, tiene unos signos extraños en nuestro país de hoy, donde ciertos sujetos buscan el acomodo al lado del poder, o a la sombra de la política. Herederos de castas privilegiadas, viven de lo que les da la explotación vulgar de sus apellidos, o el amparo providente de los poderosos amigos de sus familias. Sin lucha, sin méritos propios, sin cultura, sin formación humanística, y sin conceptos o  ideas claras sobre la situación del país.

Son ridículos actores del circo de la politiquería, del bazar de los idiotas electoreros y demagogos, cuya actividad depende, solamente del apoyo de ciertos medios de comunicación fletados y cooptados por el amiguismo, los cuales carecen de transparencia informativa, ni objetividad en sus opiniones, si así puede llamarseles.

Contrasta, por lo tanto, la personalidad ambiciosa y firme de este brillante profesional del derecho, de este libre ciudadano del mundo, gozador de la vida, leal amigo de sus amigos, con la de esos idiotas figurones de opereta, figurones de la antigua farsa que eternizó don Jacinto Benavente en su exquisita pluma.

El mérito superior de De la Espriella, reside en su espíritu de lucha, y en el carácter fuerte de su valentía. Tiene alma de matador legendario y se enfrenta a los miuras de la envidia cobarde, y lo hace con el arrojo propio de un hombre con coraje y entereza. Da la cara a cualquier peligro y saca fuerzas desconcertantes para superar las mezquindades que genera el éxito profesional de su carrera de apasionado abogado, defensor de la ley, la justicia y el derecho. Es esta, su actividad determinante, motora y esencial. Lo demás, son destinos paralelos como la literatura, ahora con dos ediciones agotadas de su libro.

De la Espriella es un febril y exquisito gozador de la vida. Hasta las excentricidades y gustos que tanto le critican, con los que desafía a envidiosos y gratuitos contradictores, lo divierten, gozando hasta el éxtasis con las reacciones de sus enemigos.

A grandes sorbos se toma la vida, como lo hace con el más costoso whisky, o el vino suave de la mejor añada.

Dominador de su propio devenir, Abelardo de la Espriella ha demostrado, con su libro "AMORES CRIMINALES", que su talento de abogado prestigioso, se ha extendido, hacia el eterno y vasto territorio de la literatura, donde parece que ya todo se ha dicho, todo se ha escrito, todo se ha agotado. Sabemos que esto es así, pero todos tenemos libre derecho a volver a escribir sobre lo mismo, pero con la visión propia de nuestros ojos, y nuestro personal y original manejo del juego de palabras, en que consiste, esencialmente la escritura, como lo demostró Julio Cortazar, en su inigualable y revolucionaria  "Rayuela".

Desde Cain y Abel, hasta nuestros días, el fantasma de los "Amores Criminales", ha circulado con presencia retadora. Y, en el libro de Abelardo de la Espriella, tienen  esos amoríos, el oscuro color de la sangre, que Nietzsche, el genio de “Así Hablaba Zaratustra" y "La Voluntad de Poder,"  eternizó, sentenciando, que esa sangre, también es espíritu.


La Querencia,Villa de Leyva, febrero  5 de 2021.
*ExMinistro de Estado, ExSenador de la República.



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