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domingo, mayo 17, 2020

Consecuencias del bicho

El bicho (covid-19) nos está dejando como enseñanza que no se necesita mucho para vivir, que los lujosos vehículos no son la prioridad y que sin ellos también se puede vivir, que para vestir bien no se necesita que sea de marca…basta darnos cuenta que un virus nos ataca y podemos dejar de existir, así de sencillo. Por: Ever Antonio Navarro Ortiz
Consecuencias del bicho

Hablo por teléfono a diario con mi buen amigo Jaime, comentando las diferentes noticias que leemos y oímos en los medios nacionales y regionales.

 Es una terapia que a diario también realizábamos con un grupo más amplio, casi todos, como nos dicen hoy, adultos mayores, de la tercera edad o como nos quieran llamar, alrededor de un café y sin acuartelamiento.

 Fuera de leer y oír las noticias, ayudarle a Nancy, mi mujer, a lavar platos y pegar algunas puntillas, es necesario salir del ostracismo en que nos pusieron, por ser más vulnerables para ser atendidos por el maldito virus.  Lamentamos eso sí, que el bicho ese nos esté robando la alegría de abrazar hijos, nietos, familiares, amigos.  Por el momento hasta el 30 de mayo, pero puede ser posible que sea hasta el año entrante.

Son muchos los males que se ensañan contra esta ciudad, el Covid-19 es uno más, que golpea sobre todo a los de siempre, los más humildes, los marginados. Los informales, que representan hoy aproximadamente el 65 por ciento de la población activa, son ignorados usualmente por los programas asistenciales del Gobierno, quedando rezagados a su suerte y contagio en el rebusque diario para no dejar sin sustento su nicho familiar.

 Nuestra capital Ibagué que lleva tantos años con el estigma de ser una de las ciudades capitales con mayores índices de desempleo, qué bueno que la pandemia nos dejara unas medidas para una reactivación de la masa informal y estructurar una estrategia lejos de los calificativos como  –reinventar-, - repensar-,  pero sí,  un propósito de tenerlos  en cuenta,  como ha ocurrido en otras economías más adelantadas, con resultados positivos y dejar de mirarlos solo a través de  estadísticas,  dándoles solo migajas y persiguiéndolos con la fuerza pública.

La conectividad debería de ser hoy en los hogares urbanos y rurales, necesarios  como la luz eléctrica.  Este encerramiento que ha dejado sin clases a los niños jóvenes y adultos, ha mostrado que las zonas urbanas y rurales más deprimidas se han quedado sin la posibilidad de clases, por no tener acceso a internet y menos a un computador.  Las instituciones educativas y los gobiernos han quedado desnudos frente a la imposibilidad de adecuar un sistema a todo nivel, llámese primaria, secundaria o universitario para atender una población estudiantil con buenos estándares, desde lo virtual.

 Leía en un medio nacional que estudiantes de prestigiosas universidades de Bogotá instauraron tutelas, porque no están de acuerdo con el modelo virtual que no corresponde al valor pagado y a la calidad esperada.  Esto nos coloca en la pregunta, si después del desastre, se tendría que pensar en una educación virtual, si bien hoy existe, que mañana sea un modelo más recurrente, que el presencial, a través de plataformas y metodologías que permitan accesibilidad, calidad y menores costos para quienes quieran acceder.

Algunos críticos del sistema económico actual, indilgan la culpa de lo ocurrido al consumismo desmedido que genera los buenos indicadores del crecimiento económico, me enseñaron en mis primeras clases de economía, que entre mayor consumo, mayor producción y esta trae como resultado mayor riqueza.

 La gran mayoría nos hemos dejado llevar por esta inusitada estrategia publicitaria para correr a las puertas de los grandes centros comerciales a comprar muchas veces lo que no necesitamos, pero nos atraen con etiquetas de rebajas del 50 por ciento y más, no importa si hay que sacar la tarjeta de crédito en muchos casos, pero lo esencial es aprovechar el publicitado descuento y eso qué decir de los madrugones y trasnochones, para entrar y tener a disposición todas las ofertas.

Qué decir, de quienes antes de la pandemia vivían en estratos sociales altos aparentes, con bienes respaldados en créditos y que hoy se han quedado sin ellos.  Pareciera que la felicidad de las personas se midiera por sus activos y que esto le satisface su bienestar, olvidándonos de valores tan importantes como el capital humano, sobre el cual hay que revertir todo esfuerzo para que su bienestar esté reflejado, en un buen sistema de seguridad social, entre otros.

 El bicho nos está dejando como enseñanza que no se necesita mucho para vivir,  que los lujosos vehículos no son la prioridad y que sin ellos también se puede vivir, que para vestir bien no se necesita que sea de marca, que la carrera desbocada de quien tiene más riqueza no es el fin a buscar, solo basta darnos cuenta hoy, que un  virus que ni alcanzamos a ver, nos ataca y podemos  dejar de existir,  así de sencillo.

No hay que creer en las frases rimbombantes, como. – Colombia unida sale adelante, todos unidos podemos-……………. Creo más en una reflexión personal de cómo ser una mejor persona el día de mañana.



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