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martes, mayo 19, 2020

“Bastante injusta esta columna”

Cuando el mensaje no es claro, surgen las dificultades a la hora de las interpretaciones. Pudo haber ocurrido con la columna titulada ‘Jaramillo el derrochador’. Por eso la necesidad de volver sobre ella para aclarar dudas. Por: Henry Rengifo
“Bastante injusta esta columna”

Ante la andanada de mensajes cargados de insultos de todos los colores y sabores que recibí por la columna escrita hace 15 días,‘Jaramillo el derrochador’, me parece que es la oportunidad para ahondar en un tema que invita a un  debate pertinente.

¿Se compadece con una ciudad como Ibagué, que la Alcaldía de GAJ haya invertido en el cuatrienio 2016-2019, 144.000 millones de pesos en contratación de personal en la modalidad de prestación de servicios?.

Debo advertir, eso sí, que es probable que buena parte de los improperios recibidos podrían justificarse, en la medida que la columna pudo haber quedado mal escrita, y en ese sentido los defensores-amigos-seguidores del hoy ex alcalde Guillermo Alfonso Jaramillo, tenían la razón para arreciar de manera inmisericorde, como lo hicieron. De pronto mal escrita, pero no podrán decir que carecía de investigación, porque fue hecha con todo el rigor.

Miremos, si en este nuevo intento tengo suerte y logro despejar dudas en aquellos puntos que no fueron entendidos o simple y llanamente no los quisieron entender, por aquello que ‘no hay peor ciego que el que no quiere ver’. En ese orden, estoy preparado para la segunda tanda de agresiones.

De todos los comentarios que recibí, uno en particular me llamó la atención, además porque fue de los pocos que no me convirtió en blanco de ataques, pero en cambio su contenido sí tenía una connotación especial.

“Bastante injusta esta columna”, escribió Edwin Gutiérrez. Se trata de un joven periodista egresado de la UT a quien conocí hace poco. Fue gracias a Edwin que hace un par de meses se desató la polémica nacional por cuenta de una columna de opinión que escribió el hoy presidente Iván Duque hace 20 años en el desaparecido periódico Tolima 7 días.  Edwin, en un ejercicio investigativo, descubrió la inusual y controversial columna de la cual nadie recordaba.

Entonces, qué mejor que a partir de ese comentario: “Bastante injusta esta columna”, para entrar a dar unas explicaciones puntuales, sobre todo ahora que unos, también, jóvenes periodistas han llegado a agitar el debate crítico por la forma como se ha hecho y se hace periodismo, sobre todo en Ibagué. Bienvenidos, dentro de una discusión de respeto y altura, a una discusión necesaria sobre el tipo de periodismo que se practica en la ciudad, preciso ahora que el alcalde Andrés Hurtado acaba de azuzarlo con una opinión polémica en su cuenta de Twiter.

La esperanza es que después de esta pandemia, Ibagué se libere de ese periodismo perjudicial, anclado en el chantaje, pero también es necesario que se desligue de esa posición genuflexa por el que transita la mayor parte del tiempo, debido a la presión que se ejerce desde el poder gubernamental con la pauta publicitaria.  Pero bueno, esa es harina de otro costal o mejor, para otra columna.

Entremos en materia para tratar de aclarar lo de “Bastante injusta esta columna”.

El titular, “El derrochador Jaramillo”, de antemano se sabía que podría causar escozor en las furibundas filas de GAJ. Era obvio que no lo iban a aceptar de buenas a primeras, sobre todo cuando hay un imaginario colectivo que está convencido del prestigio y credibilidad política que arropa al hoy exalcalde. Precisamente ahí está la esencia del asunto.

Contaba la columna anterior que “Una muestra de la decepción que produjo GAJ en sectores amplios de la ciudad, se evidencia en que hizo gala de las prácticas clientelistas que él mismo, sin pelos en la lengua, critica de manera dura cada vez que tiene la oportunidad”. Ahí no se está diciendo nada que no sea cierto. A renglón seguido decía: El excesivo y desmesurado gasto en contratación en la modalidad de prestación de servicios, que realizó GAJ durante su cuatrienio, bate todos los récords en clientelismo”.

Y la afirmación resalta que no ha sido una situación que atañe solo a GAJ. “Lo hicieron alcaldes como Rubén Darío Rodríguez, Jesús María Botero, Luis H. Rodríguez, solo por citar a unos pocos. La diferencia es que en este caso no se concebía que Guillermo Alfonso Jaramillo terminara en tan cuestionada y aberrante práctica clientelista, que él mismo ataca”.

La investigación que se plasmó en dicha columna da cuenta que “En los cuatro años de gobierno, 2016-2019, la administración de GAJ realizó 8.460 contratos por prestación de servicios. El costo de esa contratación fue de 144.000 millones de pesos”. Esto es totalmente cierto, tenemos los contratos.

Y hacíamos la pregunta cuántos de ese exorbitante número de contratos se justificaban, y cuántos de esos fueron ‘corbatas’, pues ni el objeto del contrato y menos el trabajo desarrollado, garantizaban cumplimiento.

También, por eso lo dijimos, que ese debió haber sido un tema para que la Contraloría Municipal lo hubiera investigado, sin embargo, probado está que la administración de GAJ, tuvo una Contraloría de bolsillo. Extraño, por demás, que un escenario así, se haya presentado en una administración presidida por un alcalde perteneciente a los denominados movimientos ‘alternativos’.

Sea esta la oportunidad para un debate en el que se plantee que la plata de los impuestos no se puede seguir feriando. De los 144.000 millones de pesos que contrató GAJ en personal, seguramente con la mitad de ese monto era más que suficiente. Esa sería una oportuna discusión, en especial ahora en tiempo de  pandemia. Con 70.000 mil millones de pesos se hubiera avanzado en la construcción de los escenarios deportivos, por ejemplo, o en otras de las tantas obras aplazadas o convertidas en elefantes blancos, como el panóptico de Ibagué. O para la salud. Pero buena parte de nuestros políticos prefieren asegurar la clientela, porque esa les garantiza la permanencia en el poder.

Otro punto para el debate que se desprende de este gasto excesivo, es el rol que están cumpliendo algunos asesores. De un momento a otro, un grupo selecto de contratistas, se volvieron los reyes de los honorarios mejor pagados en Ibagué, y lo peor es que los resultados no compensan esos altos costos. En el gobierno de GAJ, sí que hubo asesores de ese tipo. Mientras en otras latitudes se rebajan los sueldos aquí hay asesores privilegiados.

También quedó plasmado en la columna de la incomprensión que “no se entiende  porqué GAJ no asumió ejemplos de buenos gobiernos como los presentados en las alcaldías de Pasto y Bogotá, en manos de Antonio Navarro y Antanas Mockus, quienes jamás convirtieron sus administraciones en botines burocráticos y menos tranzaron con los concejales”. E insisto, más GAJ que pregonaba representar el cambio, o por lo menos así se ha mostrado.

Y es que entre las 8.460 personas contratadas por Jaramillo hay cuotas entregadas a algunos concejales. Esta práctica es la que ha contribuido para que la mayoría de cabildantes hayan terminado eternizados en las curules del Concejo de Ibagué.

La clientela que dejó Jaramillo en esos 8.460 contratos para nada es despreciable. Un alto porcentaje, de acuerdo al listado revisado año por año, establece que los contratistas estuvieron en todo el cuatrienio. Sin agregarle los 268 cargos nuevos en provisionalidad que dejó.

Y por último hay una cifra cercana a los 40.000 millones que fue destinada a contratos varios, entre ellos de logística que, por sus elevados costos, deberían ser investigados por la Contraloría Municipal.

Por lo pronto, esperar que los críticos respetables no se queden solo con el titular de la columna. Y en la respuesta a Edwin Gutiérrez y a los cientos de defensores del exalcalde Jaramillo, decirles que lo denunciado en dicha columna, de injusto no tuvo un ápice.

  • Ex jefe de redacción de Tolima 7 días
  • Autor del libro ‘Las claves de los buenos alcaldes’


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