Análisis

miércoles, noviembre 11, 2020

Las lecciones de la Revista Semana

El revolcón de la revista Semana tiene al mundo periodístico colombiano ansioso e inquieto. El cambio de línea editorial y la renuncia masiva de sus mejores redactores y columnistas deja desmantelada a una publicación que fue referente de la información para convertirse a decir de algunos, en gacetilla de la politiquería de la ultraderecha del país.
Las lecciones de la Revista Semana

La revista Semana perdió su rumbo. Por ello no se puede pasar por alto semejante hecho de tanta trascendencia como lo que está ocurriendo con una de las empresas periodísticas de más renombre en el país. Esta publicación a lo largo de su vida, contados a partir de 1982, fue ejemplo de hacer buen periodismo. 

Pero los cambios llegan, y unos son para bien y otros para mal, y a la revista Semana tal parece, de acuerdo con el momento por el que atraviesa, que ese cambio ha sido para mal. Lo que le ha sucedido a Semana es lo que les ha ocurrido a otros grandes medios entre ellos, por ejemplo, el diario El Tiempo. Que dejaron de ser dirigidos por periodistas y se convirtieron en caja de resonancia de sus nuevos dueños, empresarios con otros intereses, totalmente distintos a lo que es la esencia del periodismo. 

El Tiempo fue uno cuando estuvo en poder de una familia de periodistas natos, y hoy se convirtió en otro, a partir del momento que es adquirido por un conglomerado económico que ejerce un control absoluto en su contenido editorial, se ha visto por ejemplo en un hecho puntual y reciente con el escándalo que salpica al exfiscal Néstor Humberto Martínez y que ha puesto en riesgo el proceso de paz firmado en La Habana. Como lectores de El Tiempo no se ha visto que en sus páginas se le haya dado el tratamiento que merece semejante noticia.

Eso mismo acaba de pasar con la Revista Semana, que es adquirida por un grupo económico que llega con una finalidad distinta al rol que debe cumplir un medio de comunicación serio y responsable. De ahí la crisis que se ha desatado con la renuncia de la planta estelar de periodistas, quienes expresaron de manera abierta su inconformismo con las directrices impartidas por los nuevos dueños de la revista. 

Cuando el periodismo se maniata, cuando el periodismo se le atenaza y se le pone mordaza desde cualquier sector y ángulo, deja de ser periodismo, para convertirse en caja de resonancia de intereses mezquinos. 

Lo dice claramente el que hasta hoy fue el Director Editorial de la revista Semana, Rodrigo Pardo quien expresa en su mensaje de renuncia que “los cambios recientes me llevaron a la decisión de renunciar. Fueron tiempos lindos de ejercicio independiente del periodismo".

Pero lo más grave es el cambio de rumbo de la revista. Su brújula sale del campo inminentemente periodístico serio como era el de Semana, a convertirse en una gaceta con tintes amarillistas, lamentablemente inclinada a los intereses del sector político de ultraderecha que encabeza el expresidente Álvaro Uribe Vélez, como ya es de conocimiento público. 

La bancarrota de este medio comenzó con el ingreso del grupo financiero de los Gilinkski, que como lo dijo uno de sus miembros iría a expresar el pensamiento del expresidente Uribe. En esta forma, de ser un medio de comunicación importante y creíble de los colombianos, pasa a ser un vocero de una tendencia política de ultraderecha. 

La renuncia de Alejandro Santos, Ricardo Calderón, María Jimena Duzán, Antonio Caballero, los caricaturistas Vlado y  Matador y varios periodistas de planta entre ellos el jefe de redacción, que no se someten a la nueva línea editorial de Semana, es el producto de una crisis que se estaba incubando desde la llegada del grupo financiero que confundió los intereses netamente periodísticos con los políticos y, que inicialmente, costó la renuncia del mejor columnista del país Daniel Coronell y la renuncia en ese entonces en solidaridad, de Daniel Samper Ospina. 

Ojalá en medio de este derrumbe de Semana, surja un nuevo proyecto, al menos ya están Los Danieles, para mantener viva la indispensable escuela del periodismo independiente, sin ataduras a ningún partido político o gobierno. Tal como lo expresó uno de los experiodistas de Semana “El periodismo debe estar al servicio de la ciudanía y no de los poderes”



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